Variaciones en la Desigualdad de las Provincias Argentinas

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Variaciones en la Desigualdad de las Provincias Argentinas


Por: Lucas González y María Belén Cáceres
Tramas Lucas-Gonzalez-Desigualdades Variaciones en la Desigualdad de las Provincias Argentinas  Revista Tramas

Introducción

La mayoría de los países latinoamericanos redujeron fuertemente su desigualdad durante la última década, mientras que la desigualdad en el ingreso aumentó considerablemente en otras partes del mundo (Lustig et al., 2013: 119). Entre 2001 y 2014, Argentina y Brasil disminuyeron sus coeficientes de Gini en diez y trece puntos, de 53 a 43 y 64 a 51, respectivamente (Banco Mundial, CEPAL, WIID, ​​2017).[1]

A pesar de estas mejoras a nivel nacional, la desigualdad entre las provincias en la mayoría de los países latinoamericanos sigue siendo un escándalo. Casanare es el departamento productor de petróleo más rico de Colombia. Su PIB per cápita es 9,3 veces mayor que el de Vaupés, el departamento más pobre del país, con población mayormente indígena, ubicado en la selva amazónica (1,610 frente a 14,988 USD per cápita) (DANE, 2010). En Brasil, el PIB per cápita del Piauí es 9,7 veces menor que el del Distrito Federal (Brasilia) (2.092 frente a 20.343 USD per cápita) (IBGE, 2008). Formosa, una de las provincias más pobres del norte argentino, tiene un PIB per cápita más de 10 veces inferior al de la ciudad de Buenos Aires (2.256 frente a 23.439 USD) (INDEC, Ministerio de Hacienda y CFI, 2009).

 

la desigualdad entre las provincias y dentro de las mismas es escandalosa

 

 

La desigualdad dentro de las provincias también es enorme. Tierra del Fuego es muy igualitaria para los estándares latinoamericanos, ya que tiene un índice de Gini provincial de 0,32 (en 2011), similar a Canadá y Australia (en 2011 y 2012, respectivamente, OECD-WIID, ​​2017). Pero Salta y Corrientes, por el contrario, son las provincias más desiguales de Argentina, con índices de Gini de 0,45 y 0,46 (en 2011) respectivamente, similares a Guatemala, Malawi y Paraguay (2014, 2010 y 2013 respectivamente; SEDLAC, 2016, WIID, ​​2017).[2]

Si en los últimos años la desigualdad a nivel nacional disminuyó pero todavía hay mucha variación en la desigualdad entre provincias y al interior de ellas, nos preguntamos en este trabajo si es posible identificar factores económicos, sociales y políticos en este nivel de gobierno que contribuyan a explicar esta variación.

 

¿Qué factores afectan la desigualdad?

Algunas de los trabajos más relevantes de esta literatura han argumentado que la desigualdad de ingreso entre personas depende de factores estructurales, como la movilidad del capital (Alderson y Nielsen 2002), el nivel de desarrollo (PIB per cápita) o de desigualdad previo (Meltzer y Richard 1981, Moene y Wallerstein 2001, Kenworthy y Pontusson 2005, Iversen y Soskice 2006, Anderson y Beramendi 2012) o de variables demográficas, como la participación femenina en la fuerza de trabajo y la proporción de mujeres o de personas mayores (Bradley et al., 2003).

Huber y Stephens (2012) resaltan otros factores a nivel macro, como la existencia de grandes sectores informales, una sociedad civil más débil, la concentración de recursos financieros, altos niveles de clientelismo, un menor nivel de alfabetización, un campesinado más extenso, una pequeña clase obrera urbana, la desigualdad en la educación y la falta de complementariedad entre los regímenes de producción y los regímenes de política social.

Para otros autores, la desigualdad depende de factores sociopolíticos, como el nivel de sindicalización de la clase obrera y la fuerza electoral de los partidos políticos de izquierda (Hicks y Swank 1992, Boix 1998, Wallerstein 1999, Huber y Stephens 2001, Pontusson et al. 2002, Bradley et al. 2003, Pontusson y Kwon 2003, Iversen y Soskice 2006) o la movilización y la protesta social (Calvo y Moscovich 2017). Otros argumentos políticos resaltaron la incorporación a la arena electoral de votantes de bajos ingresos (Lindert 1994, 2004, Meltzer y Richard 1981) o la fortaleza relativa de la clase trabajadora (Esping-Andersen 1990, Hicks 1999, Korpi 1980).  Según estos argumentos, la extensión de los derechos de voto aumenta el gasto social (y la redistribución) porque supone la incorporación de nuevos electores de bajos ingresos, que son los que favorecen estas políticas.[3] El aumento de la participación electoral en el día de la elección, sostienen algunos de estos autores, produce un efecto parecido (Lindert 1996, 2004), ya que mueve el centro de gravedad de la elección hacia la izquierda (Iversen 2001, Piven y Cloward 1993).

Entre los que analizan el rol de los factores políticos para explicar variaciones en la desigualdad, destacan los que enfatizan el rol de las reglas electorales, como la sobre-representación o reglas electorales mayoritarias (Austen-Smith 2000, Persson y Tabellini 2000, Bradley et al. 2003, Iversen y Soskice 2006, Schneider y Soskice 2009, Ardanaz and Scartascini 2013).

Esta literatura se focaliza fundamentalmente en factores agregados a nivel nacional. Sin embargo, una corriente más reciente enfatiza el rol de los factores políticos a nivel subnacional, fundamentalmente los partidos de izquierda a nivel estadual (Kelly y Witko 2012 en los Estados Unidos; Sátyro 2013 en Brasil) o la protesta en las provincias (Calvo y Moscovich 2017). Otro factor relacionado con esta literatura son los vínculos, fundamentalmente fiscales, entre gobierno central y subnacionales, por ejemplo a través de las transferencias condicionadas de ingreso (Calvo y Moscovich 2017).

Al igual que en otros países federales, tanto el nivel nacional como el provincial en Argentina tienen herramientas de política pública para reducir la desigualdad (tal como enfatizan Kelly y Witko 2012, 415 para el caso de los Estados Unidos). Pero además, en el caso argentino, el gobierno nacional descentralizó los principales servicios sociales básicos (salud y educación) a las provincias y una parte sustantiva de los programas sociales depende de este último nivel de gobierno (a veces en abierta competencia con el nivel nacional). Por ello, este trabajo explora la relevancia de los factores provinciales para explicar variaciones en la desigualdad.

 

Al igual que en otros países federales, tanto el nivel nacional como el provincial en Argentina tienen herramientas de política pública para reducir la desigualdad. Pero además, se descentralizaron los principales servicios sociales básicos (salud y educación) y una parte sustantiva de los programas sociales.

 

 

La Desigual Distribución de la Desigualdad en las Provincias Argentinas

Calvo y Moscovich (2017, p.11) calcularon el Gini de desigualdad de ingreso a nivel provincial entre 2003 y 2011. Para ello, usaron datos de encuestas nacionales (Encuesta Permanente de Hogares, EPH) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) para las 32 grandes regiones metropolitanas del país. Cada encuesta incluye entre 45.000 and 65.000 entrevistados, para un total de 1.838.828 individuos. Un total de 968.833 recibió algún ingreso en el momento de la encuesta. Aunque las encuestas de ingresos nacionales se han aplicado desde 1974, los autores agruparon solamente un subconjunto estandarizado que incluye un grupo idéntico de preguntas y variables.

Los datos muestran que la provincia más desigual de la Argentina es Corrientes. Su índice de Gini para 2011 es 0,46, seguida por Salta (0,45). En el otro extremo de la distribución, las provincias más igualitarias son Tierra del Fuego y Formosa (con 0,32 y 0,34 en 2011, respectivamente), seguidas por Chaco y La Pampa (con 0,36). La diferencia en el Gini entre los dos extremos es de 14 puntos, equivalente a la distancia entre Canadá y Malawi. La Figura 1 muestra la variación de Gini de ingresos en las provincias argentinas entre 2003 y 2011, ordenadas de acuerdo a su media.

Figura 1: Desigualdad Interpersonal en las Provincias Argentinas (2003-2011)

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Fuente: Elaboración propia en base al cálculo de Gini hecho por Calvo y Moscovich (2017) en base a datos de EPH.

Si analizamos la variación en las provincias entre 2003 y 2011 podemos observar una caída importante de la desigualdad. El Gini promedio para el primer año de la serie es 0,50, con un valor mínimo de 0,39 y uno máximo de 0,59. Para el último año de la serie, la media es 0,40 (diez puntos promedio menos), el valor mínimo es 0,32 y el máximo 0,46. La diferencia entre los dos extremos pasó de 20 puntos en 2003 a 14 en 2011.

A pesar de esta caída en promedio de la desigualdad, Salta y Chaco lograron disminuirla mucho durante los 2000. Salta tuvo la mayor desigualdad del país en el primer año de la serie (0,59 en 2003), bajando su índice en casi 15 puntos (llegando a 0,45 en 2011). Chaco, de manera similar, pasó de 0,52 a 0,36. Por el contrario, Corrientes y Jujuy, siendo bastante desiguales, disminuyeron menos su desigualdad (la primera pasó de 0,56 a 0,45 y la segunda de 0,50 a 0,42) (ver Figuras 2 y 3).


Si analizamos la variación en las provincias entre 2003 y 2011 podemos observar una caída importante de la desigualdad. La diferencia entre los dos extremos pasó de 20 puntos en 2003 a 14 en 2011

 

Figura 2: Cambios en la Desigualdad en las Provincias Argentinas (2003-2011)

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Fuente: Elaboración propia en base al cálculo de Gini hecho por Calvo y Moscovich (2017) en base a datos de EPH.

 

Figura 3: Cambios en la Desigualdad en las Provincias Argentinas (2003-2011)

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Fuente: Elaboración propia en base al cálculo de Gini hecho por Calvo y Moscovich (2017) en base a datos de EPH.

En las figuras anteriores, llama la atención el contraste entre la gran disminución en la desigualdad en la provincia de Formosa, que pasó de valores relativamente altos (0,47 en 2003) a bajos (0,34 en 2011) y la provincia de San Luis que redujo su desigualdad de 0,39 a 0,37 en el mismo período. Formosa, aunque empezó siendo más desigual, terminó siendo más igualitaria que San Luis.

También cabe resaltar la variación dentro de provincias relativamente igualitarias y estructuralmente similares. Tierra del Fuego, siendo relativamente igualitaria durante toda la serie, redujo su desigualdad en 10 puntos. Esta es la provincia menos desigual del país para el último año de la serie. Por el contrario, Chubut, Neuquén y Santa Cruz, teniendo niveles de desigualdad parecidos a Tierra del Fuego al comienzo de la serie, redujeron la misma en sólo la mitad (entre 4 y 5 puntos) (ver Tabla 1 y Figuras 2 y 3).

Tabla 1: Variación en la desigualdad

 Alta variación de la desigualdadBaja variación de la desigualdad
Alta desigualdad[1]SaltaCorrientes
Baja desigualdadTierra del Fuego[2]San Luis; Santa Cruz

Fuente: Elaboración propia en base al cálculo de Gini hecho por Calvo y Moscovich (2017) en base a datos de EPH.

[a] Consideramos “alta desigualdad” a las provincias que tienen valores por encima de la media para toda la serie (0.44) y “baja desigualdad” a las provincias que tienen valores inferiores a la misma. “Alta” y “baja variación” son aquellas superiores e inferiores a la desviación estándar para la serie (0,05).

[b] Ninguna de las provincias con baja desigualdad logra disminuirla en valores por encima de la desviación estándar. Sin embargo, dentro de este tipo de provincias, Tierra del Fuego es la que más disminuyó su Gini de ingresos (tiene una desviación estándar de 0,042).

 

Habiendo analizado los casos y su variación a lo largo del tiempo, el trabajo propone ahora identificar si hay factores sistemáticos relacionados con los niveles de desigualdad de las provincias argentinas. ¿Por qué algunas provincias son más desiguales que otras? ¿Por qué algunas logran disminuirla más que otras?

 

 

Correlaciones

La Tabla 2 muestra los resultados de correlación entre la desigualdad y algunas variables estructurales, fiscales y políticas identificadas como relevantes por la literatura.

Dentro del primer grupo de variables, los coeficientes indican que, como esperaría una parte de la literatura, a medida que aumenta el desempleo y la pobreza tiende a aumentar la desigualdad en las provincias (ver Figura 4). Los coeficientes son relativamente robustos y estadísticamente significativos. Es decir, provincias con problemas estructurales más serios, tienden a tener niveles de desigualdad mayores. Además, observamos que hay una relación positiva entre desigualdad y la proporción de empleo agrícola sobre el empleo total. Llamativamente, no hay relación entre empleo industrial y desigualdad. Pero encontramos una relación negativa entre cantidad de empleados públicos cada 100.000 habitantes y desigualdad. A medida que esta variable aumenta, la desigualdad tiende a disminuir. Estudios futuros podrán indagar en mayor detalle las relaciones entre los tipos de empleo y la desigualdad.

 

A medida que variable empleo aumenta, la desigualdad tiende a disminuir. Hay una relación positiva entre desigualdad y la proporción de empleo agrícola sobre el empleo total. Llamativamente, no hay relación entre empleo industrial y desigualdad.

 

Encontramos también otras variables estructurales que correlacionan negativamente con desigualdad, como nivel de urbanización (-0,28) y positivamente, como analfabetismo (0,35) y mortalidad infantil (0,37).[4] Los resultados reportan también una relación positiva entre crecimiento de la economía nacional y desigualdad (0,26), a pesar de que una parte de la literatura esperaría lo contrario. Sin embargo, no encontramos relación entre variación del producto bruto geográfico provincial (per cápita) y la desigualdad.

Tabla 2: Coeficientes de correlación

Variables Correlación
Variables EstructuralesDesempleo0,664***
Empleo Agrícola0,435***
Pobreza0,429***
Variables FiscalesGasto público social per cápita-0,658***
Transferencias nacionales-0,602***
Empleo público-0,445***
Variables PolíticasPorcentaje de votos al gobernador-0,298***
Diferencia de votos entre el partido del gobernador y el segundo-0,324***
Años del partido del gobernador en el poder-0,296***

Fuente: Elaboración propia. Ver sección “Variables y Fuentes de Datos” para información sobre cada variable.
 
 
 
Al igual que en otros países federales, tanto el nivel nacional como el provincial en Argentina tienen herramientas de política pública para reducir la desigualdad. Pero además, se descentralizaron los principales servicios sociales básicos (salud y educación) y una parte sustantiva de los programas sociales.
 
 

Figura 4: Desigualdad y Desempleo en las Provincias Argentinas (2003-2011)

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Fuente: Elaboración propia en base al cálculo de Gini hecho por Calvo y Moscovich (2017) en base a datos de EPH y a datos de INDEC.

Otra parte de la literatura sugiere que la desigualdad se relaciona con variables fiscales, como déficit nacional y provincial. Contrario a lo que esperaría una parte de la literatura, encontramos una relación positiva y estadísticamente significativa entre déficit (tanto nacional como provincial) y desigualdad (0,49 y 0,38). Estos resultados podrían indicar que la desigualdad tiende a aumentar en períodos de mayor conservadurismo fiscal. Estudios en mayor profundidad podrían llegar a precisar mejor la relación entre déficits y desigualdad.

Tal como esperan Huber y Stephens (2012), encontramos un vínculo entre el tipo de gasto provincial y Gini. Los resultados indican que el gasto público social per cápita de las provincias se relaciona negativamente con desigualdad. Esta relación es robusta y significativa (ver Tabla 2 y Figura 5).

Figura 5: Desigualdad y Gasto Social en las Provincias Argentinas (2003-2011)

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Fuente: Elaboración propia en base al cálculo de Gini hecho por Calvo y Moscovich (2017) en base a datos de EPH y a datos de la DNCFP.

Además, las provincias que reciben montos de transferencias nacionales per cápita más altos tienden a ser más igualitarias. Las dos provincias que reciben más transferencias nacionales per cápita, Santa Cruz y Tierra del Fuego (recibieron 3934 y 3640 dólares en 2011, respectivamente), tienen algunos de los valores de desigualdad más bajos del país (ver Tabla 2 y Figura 6).[5]

Figura 6: Desigualdad y Transferencias Nacionales en las Provincias Argentinas (2003-2011)

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Fuente: Elaboración propia en base al cálculo de Gini hecho por Calvo y Moscovich (2017) en base a datos de EPH y a datos de la DNCFP.

En relación al tercer grupo de variables, los factores políticos, varios autores enfatizan el rol de las reglas electorales para explicar variaciones en la desigualdad. En particular, sostienen que reglas mayoritarias tienden a aumentar la desigualdad (Austen-Smith 2000, Persson y Tabellini 2000, Bradley et al. 2003, Iversen y Soskice 2006, Schneider y Soskice 2009, Ardanaz and Scartascini 2013). Corbacho (1998) codificó el “grado de mayoritarismo” de las constituciones provinciales en 1994. Usamos su índice para analizar si existe alguna relación entre éste y la desigualdad provincial. Los resultados reportan que cuanto más mayoritaria es la constitución provincial, mayores son los valores del índice de Gini. La correlación es negativa, relativamente robusta (-0.27) y estadísticamente significativa.

Entre las variables electorales, observamos que la desigualdad tiende a ser menor cuanto mayor es el porcentaje de votos del gobernador y cuanto mayor es la diferencia de votos entre el partido del gobernador y el segundo partido. De la misma manera, la desigualdad tiende a disminuir cuando el partido del gobernador lleva más años en el poder. Esto posiblemente esté relacionado con el hecho de que gobernadores más estables en el cargo tienden a hacer más gasto social y menos gasto corriente (como encontramos en trabajos anteriores, González 2017; González y Cáceres 2017) y el gasto social, como vimos anteriormente, correlaciona negativamente con desigualdad (ver Figura 7).

Parte de la literatura sostiene que los políticos (en nuestro caso, los gobernadores) con mayor seguridad electoral pueden reducir los costos de transacción de la política y a distribuir bienes públicos a un grupo más amplio de votantes, ya que los beneficios electorales de este tipo de gasto son mayores (como argumentaron Bueno de Mesquita, 2003, p. 55-56; Chhibber y Nooruddin, 2004, p. 153-154; Magaloni; Díaz-Cayeros; Estevez, 2007, p. 188, 201-202 y Persson y Tabellini, 2000). Parte de la literatura en el tema espera este mismo vínculo debido a la menor incertidumbre de las elecciones, la menor necesidad de asegurar votos a través de bienes particularistas (Schlesinger, 1965; Strom, 1990, p. 582) y los mayores beneficios electorales del gasto en bienes públicos, como el gasto social (Bueno de Mesquita, 2003; Chhibber; Nooruddin, 2004; Magaloni; Díaz-Cayeros; Estevez, 2007).

Figura 7: Desigualdad y Competencia Electoral en las Provincias Argentinas (2003-2011)

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Fuente: Elaboración propia en base al cálculo de Gini hecho por Calvo y Moscovich (2017) en base a datos de EPH y a datos de la Dirección Nacional Electoral.

 

la desigualdad tiende a ser menor cuanto mayor es el porcentaje de votos del gobernador y cuanto mayor es la diferencia de votos entre el partido del gobernador y el segundo partido. De la misma manera, la desigualdad tiende a disminuir cuando el partido del gobernador lleva más años en el poder

 

Llamativamente no encontramos relación entre fragmentación partidaria (medida con el número efectivo de partidos en votos o bancas) (datos de Varetto 2014) y desigualdad, a pesar de que una parte de la literatura considera  que esta variable incide sobre indicadores sociales. Entre ellos, Chhibber y Nooruddin (2004: 153-154) y Persson y Tabellini (2000) sostienen que los sistemas bipartidistas tienden a generar más gasto en bienes públicos que los sistemas multipartidistas. Esto es así porque, en un sistema bipartidista, los gobiernos enfrentan menos presiones para concentrar sus gastos y proporcionar bienes privados a grupos específicos de votantes para obtener su apoyo. Para estos argumentos, cuanto mayor sea el margen y más amplio el electorado, los políticos tendrán menos incentivos para concentrar el gasto y van a ser más propensos a gastar en bienes públicos, ya que éstos bienes se distribuyen uniformemente entre un mayor número de votantes. Si el margen de apoyo es menor y el electorado está focalizado, tendrán más incentivos para incurrir en gasto particularista.

Finalmente, analizamos si el tipo de partido en el gobierno provincial y su ideología están relacionados con la desigualdad, tal como hicieron Kelly y Witko (2012) en los Estados Unidos y Sátyro (2013) en Brasil. Reconocemos lo complejo del ejercicio de identificación de ideología partidaria en algunas provincias argentinas, fundamentalmente en el caso del Partido Justicialista (PJ). En algunos casos, la definición de su condición de izquierda o derecha puede llegar a depender, en gran medida, del tipo de política pública que hace el partido. Siendo conscientes de este desafío, clasificamos los partidos en el gobierno provincial en seis tipos: Partido Justicialista (PJ), Unión Cívica Radical (UCR), Frente para la Victoria (FPV), Radicales K, Partido Socialista o partidos provinciales (MPN, PACh, PAL, entre otros).[6]

No encontramos grandes variaciones en la media de la desigualdad en provincias gobernadas por los dos grandes partidos tradicionales (PJ y UCR). En los dos casos, hay mucha dispersión en los valores de desigualdad. Sin embargo, observamos niveles de desigualdad relativamente menores en provincias gobernadas por los partidos Socialista, FPV y en menor medida los Radicales K, partidos que podríamos llegar a ubicar a la izquierda del resto (ver Figura 8).

Figura 8: Desigualdad, según Tipo de Partido en las Provincias (2003-2011)

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Fuente: Elaboración propia en base al cálculo de Gini hecho por Calvo y Moscovich (2017) en base a datos de EPH y a datos de la Dirección Nacional Electoral.

 

Palabras Finales

La desigualdad en Argentina disminuyó sustantivamente desde 2003, tanto a nivel nacional como en cada una de las provincias. Sin embargo, se puede observar mucha diferencia entre las provincias más igualitarias y las más desiguales.

En línea con lo esperado por una parte de la literatura, vemos que la desigualdad provincial se relaciona con cambios en algunas variables estructurales. Cuando aumenta el desempleo y la pobreza, también aumenta la desigualdad. El déficit y el crecimiento económico nacional, por el contrario, se mueven en dirección opuesta a la esperada. Estos resultados parecen indicar que gobiernos nacionales que fomentan el empleo, reducen la pobreza y tienen políticas fiscales menos conservadoras, reducen más la desigualdad.

La política económica nacional influye sobre estas variables estructurales. Aun así, no creemos que la gran variación entre provincias dependa fundamentalmente de variables estructurales o fiscales a nivel nacional.

Creemos que la política provincial también es importante para reducir la desigualdad. Los resultados indican que hay una relación entre partidos a la izquierda del espectro ideológico en el gobierno provincial, el nivel de gasto social de las provincias y menores niveles de desigualdad.

Estudios futuros podrán profundizar estos resultados preliminares, en primer lugar, ampliando la serie de datos de desigualdad (incluyendo años previos al 2003, para compararlos con períodos de aumento en la desigualdad en los 80s y 90s). En segundo lugar, precisando mejor las variables provinciales que aparecen como relevantes en este estudio, como posición ideológica de los partidos, tipo de gasto provincial y empleo.

Por último, esta agenda de investigación podrá ayudar a identificar, con algún nivel de precisión, algunas de las posibles causas de la desigual distribución de la desigualdad en las provincias argentinas.

 

la política provincial también es importante para reducir la desigualdad. Los resultados indican que hay una relación entre partidos a la izquierda del espectro ideológico en el gobierno provincial, el nivel de gasto social de las provincias y menores niveles de desigualdad

 

 

 


[1] El índice de Gini en este estudio mide la desigualdad en la distribución de ingresos de un país (o provincia, como analizaremos más adelante). Oscila entre 0 y 1, donde 0 representa una situación (teórica) de perfecta igualdad en dónde todos los individuos tienen exactamente el mismo ingreso; mientras que el 1, es la situación (teórica) opuesta de perfecta desigualdad, en dónde un individuo tiene todo el ingreso del país y el resto ningún ingreso. En este trabajo nos focalizamos en el análisis de la desigualdad de ingreso. Otros estudios podrán profundizar en otros aspectos de la desigualdad dentro de las provincias.

[2] Los estados de Brasil son también muy desiguales entre sí, con una distribución que va desde estados relativamente igualitarios (Santa Catarina tiene un Gini de 0,44 en 2013) a otros muy desiguales (como Brasilia, que tiene un Gini de 0,58 en 2013) (IPEADATA, 2017).

[3] En relación a América Latina, Avelino (2000) sostiene que las transiciones a la democracia aumentaron el poder de voto a los pobres como grupo, lo que produjo que aumente el gasto social. Algunos estudios comparados apoyan esa conclusión (para Brasil, ver: Pães de Barros, Mendonça y Rocha, 1995).

[4] Estos coeficientes no fueron reportados en la tabla para ahorrar espacio.

[5] Encontramos una relación positiva (0,38) y significativa entre superávit fiscal y desigualdad, pero no tenemos claros argumentos teóricos para vincular causalmente estas dos variables.

[6] Incluimos al PRO como partido provincial porque solamente tenemos datos hasta el año 2011. En ese año, el PRO gobernaba solamente la Capital Federal y no tenía presencia territorial en otro distrito ni legisladores nacionales por otra provincia (en 2011, el PS tenía legisladores nacionales de tres provincias diferentes y legisladores provinciales en dos).

 

 

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