La estructura social “provincial”. Reflexiones sobre la geometría de la sociedad inspiradas en el Chaco

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La estructura social “provincial”. Reflexiones sobre la geometría de la sociedad inspiradas en el Chaco


Por: Gabriela Benza y Mariana Heredia
Tramas chaco La estructura social “provincial”. Reflexiones sobre la geometría de la sociedad inspiradas en el Chaco  Revista Tramas

La estructura social “provincial”. Reflexiones sobre la geometría de la sociedad inspiradas en el Chaco[1]

 

Resumen

Como concluyera Scott (2001:77) tras una vasta revisión de la literatura, aunque la estructura social constituye un elemento central de las ciencias sociales –y del análisis de las desigualdades- no parece haber una noción clara de qué es y dónde se encuentra. La globalización agudizó, sin dudas, esta indefinición al trastocar un supuesto largamente sedimentado: la relativa equivalencia entre estructura social y Estado-Nación. Mientras la integración cultural y económica desbordan cada vez más esas fronteras, las instituciones políticas han reforzado sus particularidades regionales. Inspirada en los desafíos analíticos enfrentados en el estudio de la provincia del Chaco y nutrida de hallazgos originales y de otros producidos en sucesivos informes de la Escuela de Gobierno, este artículo aporta algunas pistas para caracterizar la estructura social a nivel provincial. Enfrenta por lo tanto la pregunta de cuánto la escala provincial contiene y estructura condiciones y oportunidades de vida diferentes para sus ciudadanos y cuánto de ello responde a dinámicas locales o nacionales. Luego de proponer una reflexión operacional sobre la cuadratura de la sociedad y sus distintos componentes, el texto se adentra en una caracterización de la estructura social chaqueña que podría contribuir a futuros ejercicios comparativos. Con una perspectiva sociohistórica, el análisis intenta integrar los aspectos sociodemográficos de la población y las familias, las condiciones residenciales, económicas, ocupacionales y de bienestar que caracterizan la vida de distintos grupos en el Chaco.

Palabras claves: Estructura social – Desigualdades Sociales – Provincias – Chaco

 

Introducción

Durante mucho tiempo, la geometría de la sociedad no planteó mayores inquietudes. Si bien ciertas versiones del marxismo hicieron extensible la sociedad al territorio laxo comprometido en la producción y los mercados capitalistas, desde la segunda posguerra, los estudios de estratificación tendieron a circunscribirse al espacio delimitado por las fronteras de los Estados-nación. No todos los primeros teóricos avalaban esta identificación. Además de subestimar la especificidad territorial de cada uno de los componentes de la estructura social, esta equivalencia soslayaba la distancia entre constructos estadísticos y experiencias sociales. Como señaló oportunamente Barber (1957), las pirámides nacionales (resultado de las agregaciones estadísticas) rara vez se corresponden con las pirámides locales (que estructuran formas de integración y diferenciación muy diversas según el volumen y los atributos específicos de las poblaciones consideradas).

A pesar de estas advertencias, la mayoría de los estudios clásicos supusieron, durante décadas, cierta correspondencia entre el territorio de la economía, de la política y la sociedad. Este supuesto acompañaba la voluntad de los Estados de regular y dirigir las economías nacionales, consolidar un sistema político central y extender ciertos derechos a todos sus ciudadanos. Así ocurrió en la Argentina, donde la escala preferida de los análisis canónicos fue el Estado-nación incluso en casos en los que se generalizan datos referidos, sobre todo, a la ciudad capital y sus alrededores.

En la Argentina como en el mundo, las grandes transformaciones demográficas, económicas, políticas y culturales acaecidas en los últimos años impiden seguir replicando ese impulso sin reparos. Por un lado, en la medida en que todas las regiones del país se han urbanizado (Prevot-Schapira y Velut, 2016), ya no alcanza con oponer el campo a la ciudad para comprender las especificidades de algunas provincias. De manera complementaria, como señala Vapñarsky (1995), la macrocefalia no solo ha ido cediendo, sino que se observa un crecimiento significativo de los aglomerados de tamaño intermedio, muchos de ellos alejados de la región del litoral. Los argentinos son hoy menos reductibles a los porteños o a los litoraleños que antaño al menos en términos de volumen y distribución geográfica de la población. Por otro lado, el discontinuo pero indudable alineamiento del país a los mandatos de la economía global activaron en nuestro país, como la mayoría de las regiones del mundo, una creciente discrepancia entre el territorio de la producción y la comercialización y el de los estados nacionales (Peck, 2002). Con el complejo devenir de las economías regionales (al calor de las promociones industriales, la liberalización económica y el retorno de la protección) y sus diversas integraciones a los mercados globales, las provincias agudizaron sus grandes diferencias socioeconómicas (Gatto, 2007). A esto ha de sumarse el trastrocamiento de las fronteras culturales que habilitan las nuevas tecnologías y, en el sentido opuesto, la descentralización de los servicios públicos que profundizaron las diferencias en las capacidades estatales y los regímenes políticos que caracterizaron a las provincias argentinas[4].

en la medida en que todas las regiones del país se han urbanizado (Prevot-Schapira y Velut, 2016), ya no alcanza con oponer el campo a la ciudad para comprender las especificidades de algunas provincias

Varios estudios documentan las desigualdades sociales intra e inter provinciales. Existen informes técnicos y estudios académicos que, a lo largo de los últimos años, realizaron comparaciones sistemáticas sobre la situación de cada provincia a lo largo de ciertos indicadores socioeconómicos (Manzanal, 2001; Velázquez, 2016; González y Cáceres, 2018). De manera complementaria, siguió desarrollándose una copiosa tradición de estudios laborales; en la mayoría de los casos, focalizados en los procesos productivos paradigmáticos de cada región o provincia. A modo de ejemplo, se analizaron profusamente la situación de los trabajadores de la soja en la pampa húmeda (Gras, 2011), de la vitivinicultura en Mendoza (Neiman, 2017), del petróleo en Patagonia (Muñiz Terra, 2008) y el algodón en Chaco (García, 2007).

Inspirado en los desafíos analíticos enfrentados en el estudio de esta provincia y nutrido de hallazgos originales y de otros producidos en sucesivos informes de la Escuela de Gobierno, este artículo aporta algunas pistas para caracterizar la estructura social a nivel provincial. En el marco de la desigualdad que se perpetúa en el peculiar federalismo argentino, este trabajo reúne algunos elementos para comenzar a responder cuánto la escala provincial contiene y estructura condiciones y oportunidades de vida diferentes para sus ciudadanos y cuánto de ello responde a dinámicas locales o nacionales. En este sentido, se trata menos de anteponer la escala provincial a la nacional o replicar a nivel local los estudios realizados para el total del país que problematizar las territorialidades y temporalidades diversas que estructuran –constriñen y permiten- hoy la vida de los argentinos en las distintas provincias. Para ello, el artículo reúne un conjunto de evidencias que permiten caracterizar la situación sociodemográfica de la población y las familias, las condiciones residenciales, económicas, ocupacionales y de bienestar del Chaco, planteando cuando fuere posible su evolución reciente y el contrapunto con los promedios nacionales.

En el marco de la desigualdad que se perpetúa en el peculiar federalismo argentino, este trabajo reúne algunos elementos para comenzar a responder cuánto la escala provincial contiene y estructura condiciones y oportunidades de vida diferentes para sus ciudadanos y cuánto de ello responde a dinámicas locales o nacionales

 

La cuadratura de la sociedad y los componentes de la estructura

Preguntarse sobre la geometría de algo es definirlo. Ahora bien, tras una vasta revisión de la literatura, Scott (2001:77) concluye que, aunque la estructura social constituye un elemento central de las ciencias sociales –y del análisis de las desigualdades-, no parece haber una noción clara de qué es y dónde se encuentra. De hecho, aunque puede decirse que la sociedad es el objeto por excelencia de la sociología, su carácter tributario de otras dimensiones (la económica, política, cultural…) ha complicado los ejercicios de delimitación con otras disciplinas hermanas al tiempo que el foco en distintas definiciones de las relaciones e instituciones sociales han eludido, en muchas tradiciones, un pronunciamiento sobre la definición de la escala.

En un artículo, Entwisle et al. (2007) nos recuerdan que la noción de “estructura social” ha tendido a sintetizar distintos aspectos del extenso mundo donde viven las personas. En uno de los sentidos, el significado es relacional y designa los lazos establecidos entre los individuos u hogares que se vinculan por parentesco, amistad, vecindario, etc. Para esta tradición, la sociedad no tiene existencia ni escala sustantiva, se expresa más bien en distintas formas sociales, cristalizaciones relativamente durables, generales y mutuamente ajustadas de relaciones entre individuos. Un segundo significado es el de unidades de contención institucionalizadas: las escuelas, organizaciones, barrios son ejemplos de estas asociaciones que constituyen, en palabras de Parsons, “la columna vertebral de la sociedad”. En la medida en que muchos actores (las empresas, los estados, entre otras) están interesados en la institucionalización de ciertos vínculos (es decir en volverlos duraderos y previsibles), la escala de la sociedad puede asociarse, en este caso, al horizonte geográfico de cada una de estas organizaciones.

En términos descriptivos, es evidente que las provincias pueden considerarse tanto como redes de personas y familias como contenedoras de circunstancias de vida semejantes. A su vez, si nos interesamos en la explicación de las diferencias, tanto a través de ciertas condiciones intrínsecas como de intervenciones mentadas, las provincias pueden incidir o no en diversos arreglos institucionales. En estos casos pueden operar, en términos de Latour (2008: 63-64), como meras intermediarias “que transportan [o dejan pasar] significados o fuerzas sin transformación” o como mediadoras que “transforman, traducen, distorsionan y modifican el significado o los elementos que se supone que deben transportar”. En el primer caso, las provincias pueden resultar inocuas cuando ciertas formas de agregación y organización las atraviesan sin modificarse o erigirse en filtros que establecen particularidades relevantes.

Una primera caracterización de relaciones sociales que predominan en las provincias puede comenzar por el análisis de su ubicación, su tamaño, la proporción entre población rural dispersa o urbana, la distribución de sus habitantes en agrupamientos de cierta distribución y magnitud. Estos aspectos remiten al nivel de interpenetración y dependencia entre sí y de la dinámica nacional y global en el que se encuentran sus habitantes. En este sentido, la historia de las provincias constituye un punto de partida para caracterizar sus lazos sociales.

El tipo de relaciones predominantes (de filiación, parentesco, vecindad) también son asequibles a través del análisis de los atributos de la población (las tasas de masculinidad-femineidad, las de natalidad y mortalidad, la composición de los hogares) que no sólo expresan las condiciones actuales que abrevan en la conformación de los hogares y las familias sino también los desafíos futuros para la integración de las distintas generaciones.

Ahora bien, aún cuando oficien de unidades institucionalizadas de contención, las provincias no son espacios estancos que determinan de manera inexorable las oportunidades de vida de sus habitantes. Como en términos jurídicos no existe ninguna mediación provincial entre los provincianos y su voluntad por desplazarse por el territorio argentino, algunas provincias han operado como expulsoras de población, mientras otras se han nutrido de la afluencia de habitantes de otras zonas del país. La misma porosidad revisten las instituciones macroeconómicas que resultan determinantes para las provincias: los grandes lineamientos cambiarios, comerciales, financieros, tecnológicos que caracterizan cada modelo de acumulación se configuran externamente y los actores provinciales apenas pueden acoplarse, frenar o acelerar estos procesos.

Para quienes permanecen en el territorio provincial la caracterización de la estructura y la dinámica económica local determina las fuentes de riqueza y la estructuración del sistema de empleo. He aquí sin duda donde se observa, tanto a nivel nacional como provincial, una notable distancia entre las actividades que más riqueza producen y aquellas que generan más puestos de trabajo. La diversificación de la estructura productiva, el nivel de articulación y eslabonamiento de las actividades más dinámicas con el resto de la economía provincial constituye un elemento fundamental de análisis.

Equivalente muchas veces de la estructura social, los niveles y características del empleo, son tanto el resultado de regulaciones formales e informales sobre las cuales intentan operar las instituciones estatales locales como ocasiones que propician relaciones de diversa densidad. La proporción ocupada de la población, los sectores y ramas en las que producen, las tareas que desarrollan, los tipos de contrato que predominan, los niveles de remuneración y, eventualmente de riesgo y belicosidad, constituyen aspectos fundamentales de las condiciones de vida en las provincias.

La diversificación de la estructura productiva, el nivel de articulación y eslabonamiento de las actividades más dinámicas con el resto de la economía provincial constituye un elemento fundamental de análisis

Finalmente, todos los estudios coinciden en que la estructura ocupacional y social está ligada abigarradamente al esfuerzo público por regular estas relaciones y por distribuir o jerarquizar el acceso a ciertos servicios y por las particulares relaciones que entablan los Estados con el sector privado. En efecto, la capacidad fiscal y administrativa de los estados provinciales, el nivel de apertura y competencia de sus sistemas políticos, la orientación final que adoptan sus políticas y los vínculos que se establecen localmente entre instituciones estatales y sector privado resultan mediadores fundamentales de las condiciones de vida de sus habitantes.

Del análisis combinado de estos aspectos se destacan dos paradojas. Por un lado, dada la singular configuración del régimen de coparticipación federal argentino, las provincias más ricas en términos socioeconómicos no son las que detentan los Estados más fuertes y desarrollados (Leiras, 2013). Por el otro, si bien las provincias que concentran mayor riqueza y población permiten el desarrollo de mercados (educativos, médicos, asistenciales, comerciales) que las hacen participar de una mayor exhuberancia de bienes y servicios, esto las lleva también a padecer las mayores desigualdades que esa exhuberancia genera. Atentas a estos elementos y a su entrelazamiento, las páginas que siguen avanzan algunas pistas para el estudio de la estructura social del Chaco.

 

El Chaco: apuntes para la caracterización de su estructura social

  1. De poblamientos y pobladores

Aunque supongan la cristalización más o menos durable de un conjunto de elementos y relaciones, las estructuras sociales son apenas momentos en la historia. En este sentido, cualquier consideración sobre las provincias argentinas debería partir del hecho de que son resultado de procesos de constitución completamente distintos. Como relata Chiaramonte (1997), algunas se desarrollaron como unidades políticas relativamente autónomas desde el período colonial y tuvieron un rol fundamental en las guerras y laboriosos acuerdos que desembocaron en la conformación de la nación[5]. Bien distinta fue la situación de los territorios nacionales que, como el Chaco, solo lograron alcanzar el estatuto de provincias a mediados de la década de los cincuenta[6]. Estas trayectorias se corresponden con formas de poblamiento e integración diversas. Mientras ciertos espacios estuvieron regidos por las instituciones coloniales, otras regiones, como la chaqueña, permanecieron bajo control de poblaciones originarias hasta bien pasada la declaración de la independencia (Fausto y Devoto, 2004:33). Más ricas las regiones y precoz la integración, tanto más privatizada y concentrada parece ser la propiedad de la tierra. En contraste con la región pampeana donde los dominios estaban ya regularizados y en muchas provincias concentrados en pocas manos hacia principios del siglo XX, en Chaco el control del territorio no solo fue tardío. En 1984, ameritó crearse un Instituto de Colonización para facilitar la distribución y regularización del dominio de las parcelas.

De trayectorias diversas, también el volumen y la distribución poblacional son hoy muy diferentes en las provincias argentinas. Según datos del censo de 2010, en la provincia del Chaco habita 2,6% de la población total del país, un porcentaje que se ha mantenido prácticamente invariable desde mediados del siglo pasado. Si, excluyendo la ciudad de Buenos Aires y los territorios nacionales, dividimos la superficie continental y la población en 24 unidades proporcionales, el Chaco se ubicaría apenas por debajo del promedio poblacional (1.055.259 de las 1.551.122 personas que corresponden a la división ideal) y territorial (99.633 de los 116.325 km2 ideales), con una densidad poblacional apenas inferior a la nacional (10,6 de 13,3 considerando solo a las provincias)[7]. Pero esta proporcionalidad que parece distinguir a Chaco contrasta con la alta asimetría que caracteriza al resto del país. Basta decir que la población del Chaco, como la de prácticamente todas las provincias del país (con excepción de Córdoba y Santa Fe), es inferior a la de uno solo de los partidos del conurbano bonaerense (La Matanza, con 1,7 millones de habitantes). Las provincias argentinas van de territorios pequeños como Tucumán (22.554Km2) a otros de gran superficie como Buenos Aires (307.571 km2), con densidades poblacionales relativamente elevadas como en Misiones (37) o bajísimas (entre 1,1 y 3,1) en Patagonia. 

Más allá de las magnitudes, una de las características que asemeja y distingue a las provincias argentinas es su tejido urbano. La provincia de Chaco ilustra un proceso de enorme significación que ocurrió en la segunda mitad del siglo XX a lo largo del territorio nacional. Si bien Argentina ya era, en los años 1960, un país claramente urbano, en algunas provincias, como el Chaco, el volumen de población rural era todavía mayoritario. En esta provincia, alcanzaba el 62% del total, en un país donde, en promedio, apenas el 26% se encontraba, en ese momento, en la misma situación. Desde entonces la urbanización se intensificó, y fue particularmente acentuada en aquellas provincias que contaban con un porcentaje más elevado de población rural. Como parte de este proceso, Chaco se transformó en una provincia urbana. Hacia 2010 la inmensa mayoría de la población de la provincia, el 85%, vivía en ciudades, un número no muy alejado del 91% correspondiente al promedio del país.

Pero esta caracterización es apenas un punto de partida. Si bien la concentración en aglomerados de más de 2000 habitantes se correspondió con un repliegue de poblaciones dispersas y en muchos casos de sus economías de subsistencia, el tamaño de las localidades y su distribución en el territorio dan cuenta de experiencias sociales y configuraciones provinciales muy distintas. Mientras algunas provincias, como Mendoza, concentran su población en una proporción pequeña de su territorio (los dos oasis fértiles que rodean a la capital y a San Rafael), en Chaco la importancia de la ciudad capital es innegable pero se observa el desarrollo de aglomerados intermedios y cierta distribución de la población en el territorio provincial: los departamentos con más de 50.000 habitantes son varios, General Güemes, Libertador San Martin, Mayor Luis Fontana y Comandante Fernández.

Chaco se transformó en una provincia urbana. Hacia 2010 la inmensa mayoría de la población de la provincia, el 85%, vivía en ciudades, un número no muy alejado del 91% correspondiente al promedio del país

Como postularon estudios clásicos, el paso del campo a la ciudad se corresponde en general con cambios en otro conjunto de indicadores demográficos, que en el caso de Argentina han ido acercando a las provincias del norte a pautas más características de las regiones más ricas. Si las altas tasas de fecundidad llevaron en el pasado a una exigencia muy alta de generación de puestos de trabajo para ciertas provincias y de menores posibilidades para que las familias ofrecieran condiciones de vida satisfactorias para una prole numerosa, lo que se observa en los últimos años es que las brechas en las tasas de fecundidad se han ido cerrando. La tasa global de fecundidad del Chaco, de 2,58 hijos por mujer según datos de 2010, se encuentra entre las más altas de las provincias argentinas, aunque no muy alejada de la del promedio del país (2,41), ni de la que corresponde a la provincia con la tasa más baja (Santa Fe, con 2,11 hijos por mujer). La diferencia es sin embargo acentuada con la ciudad de Buenos Aires, que detenta una tasa global de fecundidad de sólo 1,86 hijos por mujer. Contrastes similares se registran en la mortalidad. En la Argentina las probabilidades de vivir una vida más o menos prolongada siguen dependiendo, entre otros factores, del lugar de residencia. Si bien la esperanza de vida se ha incrementado en las provincias históricamente más rezagadas, las diferencias a lo largo del territorio nacional continúan siendo importantes: hacia 2008-2010, la población del Chaco tenía una esperanza de vida al nacer que era aproximadamente 2,5 años menor que la correspondiente al promedio del país (72,85 versus 75,34 años) y 4,3 años menor que la de la ciudad de Buenos Aires (77,17 años).

  1. De hogares y familias

Las tendencias en indicadores demográficos como los de fecundidad y mortalidad recién analizados, pero también otros factores económicos, sociales y culturales, inciden sobre las formas que asume el allegamiento cohabitacional de las personas, en términos del tamaño y composición de los hogares y familias y de las características que adquiere la dinámica familiar y las relaciones entre géneros y generaciones. El tamaño medio de los hogares argentinos ha ido disminuyendo a lo largo del territorio desde que existen registros estadísticos: si en el primer censo nacional, de 1869, se contabilizó un promedio de casi seis miembros por hogar, en el último censo, de 2010, esa cifra había disminuido a 3,3 personas. La tendencia histórica hacia la reducción del tamaño medio de los hogares también tuvo lugar, y de manera intensa, en el Chaco, aunque en esta provincia, como en otras del norte del país, el número de miembros por hogar es todavía algo más elevado: 3,6 personas en promedio.

Chaco no sólo tiene tasas de fecundidad un poco más altas que las correspondientes al promedio del país, sino que las pautas de corresidencia son algo divergentes. En efecto, es cierto que, al igual que en el resto de las provincias del país, en el Chaco el tipo de hogar más frecuente es el nuclear familiar, compuesto por ambos cónyuges (o madre/padre solo) y su/s hijo/s: de acuerdo con datos del censo 2010, 62% de los hogares de la provincia elige esta forma de convivencia, una cifra idéntica a la que, en promedio, corresponde al total del país. Pero entre quienes no siguen esta pauta, hay diferencias. Chaco, como otras provincias del norte, continúa destacando por la mayor frecuencia de hogares extensos, de tipo más tradicional, en los que el núcleo conyugal convive con otros parientes, fundamentalmente padres o abuelos. Los hogares extensos en esta provincia representan 21,6% del total, un porcentaje por encima del que corresponde al promedio del país (18,1%) o a la ciudad de Buenos Aires (12,2%). Como contraparte, la provincia tiene un porcentaje algo menor de hogares unipersonales, un tipo de hogar que en las últimas décadas se expandió producto del envejecimiento poblacional (que incrementó la cantidad de adultos mayores que viven solos, sobre todo mujeres viudas) y, en menor medida, del aumento en el número de jóvenes que eligen vivir solos tras la salida del hogar de origen. Mientras los hogares unipersonales ascienden a 17,7% en el total del país y al 30,3% en la ciudad de Buenos Aires, en Chaco son 14,3%.

  1. De la economía provincial y las condiciones laborales de los chaqueños

Durante décadas, la historia social de las provincias resultó inescindible de sus recursos naturales y las actividades estructuradas a su alrededor. Así, la relativa pobreza del norte argentino llevó a que se constituyera en una región más bien expulsora de mano de obra, lo contrario de lo ocurrido en ciudad de Buenos Aires y Patagonia (Cerrutti y Binstock, 2017:45). En este sentido, el flujo de mano de obra no ha sido sino uno de los indicios de las menos oportunidades y condiciones de vida que ofrecen ciertas provincias comparadas con otras.

En la actualidad los datos de Producto Bruto Geográfico del Chaco revelan cierta diversidad productiva bajo el absoluto predominio de los servicios. Así, aunque la atención de los estudios por rama productiva se ha concentrado alternativamente sobre las actividades forestales, algodoneras y luego agrícolas y-ganaderas de la provincia, la mayor parte del PBG, entre 70% y 60% durante la primera década del siglo XXI, se concentra en los servicios (Heredia et al., 2015: 29).  El sector primario, sin embargo, continúa desempeñando, como en el pasado, un papel crucial en las exportaciones provinciales. En efecto, aunque la preponderancia del sector servicios en la economía del Chaco es innegable, el sector primario (y en particular ciertas producciones como el tanino, el quebracho, el algodón y, en tiempos recientes, la soja) ha sido históricamente fundamental como generador de riqueza a través de las exportaciones (Heredia, op.cit.:30-33) y como fuente de inversiones.

aunque la preponderancia del sector servicios en la economía del Chaco es innegable, el sector primario (y en particular ciertas producciones como el tanino, el quebracho, el algodón y, en tiempos recientes, la soja) ha sido históricamente fundamental como generador de riqueza a través de las exportaciones y como fuente de inversiones

Las especificidades de las estructuras productivas provinciales, si bien en combinación con una multiplicidad de otros factores, moldean la actividad laboral en cada provincia. En este sentido, es evidente que los vínculos de la población con el mercado de trabajo, así como las características de su inserción laboral tienen contenidos muy diferentes en las distintas provincias del país. Por un lado, el volumen de población que participa en el mercado laboral varía en forma significativa a lo largo del territorio. Las provincias del noreste, entre ellas el Chaco, detentan tasas de participación económica que, en términos relativos, son muy reducidas. Mientras la tasa de actividad para el total del país asciende, según datos del censo 2010, a 65,6%, en el Chaco esa tasa es de sólo 57,5%.  El contraste es particularmente acentuado con algunas provincias de la Patagonia, como Santa Cruz o Tierra del Fuego, y con la ciudad de Buenos Aires, donde las tasas de actividad superan, en todos los casos, el 70%. La diferencia obedece, sobre todo, a una menor propensión de las mujeres a participar en el trabajo extradoméstico: la tasa de actividad femenina para el total del país es un 22,5% más elevada que la correspondiente al Chaco (54,7% y 44,6%, respectivamente). Esta diferencia puede vincularse al predominio de una división del trabajo por género más tradicional y/o a menores oportunidades laborales para las mujeres. No obstante, el comportamiento laboral de las mujeres no es el único factor que explica estas diferencias: aunque de mucha menor magnitud, también hay contrastes entre los varones. La tasa de actividad masculina para el total del país es 9% más elevada que la del Chaco (77,4% y 71,1%, respectivamente). Ante estas evidencias, surge el interrogante respecto a si   la menor tasa de actividad de esta provincia –y de otras del noreste-  se vincula a situaciones de desocupación encubierta, en un contexto de escasas oportunidades laborales, o a formas de participación laboral, posiblemente marginales, que no son captadas adecuadamente por las encuestas de hogares.

En relación con esto último, una primera mirada a la estructura ocupacional del Chaco muestra un panorama que no parece distar mucho del que se observa a escala nacional. En primer lugar, en los dos casos hay preponderancia del empleo en el sector servicios. En efecto, este sector no sólo es el que más contribuye a la generación de riqueza en la provincia del Chaco, sino también el que genera la mayor cantidad de puestos de trabajo, al igual que sucede en todas las provincias argentinas. Según datos del censo 2010, el sector servicios absorbe 70,2% de la población ocupada del Chaco, un porcentaje apenas por debajo de aquel que corresponde al total del país (73,5%), y parecido al que se observa, con ciertas variaciones, en todas las provincias.

surge el interrogante respecto a si la menor tasa de actividad de esta provincia –y de otras del noreste- se vincula a situaciones de desocupación encubierta, en un contexto de escasas oportunidades laborales, o a formas de participación laboral, posiblemente marginales, que no son captadas adecuadamente por las encuestas de hogares

En segundo lugar, también se observan similitudes al analizar el peso que tienen los grupos ocupacionales de sectores populares y de clase media en la estructura de clases. En este sentido, los datos actuales sugieren una situación muy alejada de aquella que estudió Germani. En su trabajo clásico sobre la estructura social argentina, Germani  [1987 (c. 1955)] advirtió acerca de los profundos contrastes que había en la estructura de clase a lo largo del territorio nacional entre las provincias más y menos urbanizadas: en las primeras, el peso de las clases medias (definidas como trabajadores en ocupaciones no manuales) era mucho más elevado, mientras que en las segundas había un claro predominio de sectores populares (definidos como trabajadores en ocupaciones manuales). En la actualidad, aquellos contrastes entre provincias en el peso de sectores medios y populares parecen haberse atenuado. En efecto, si clasificamos las ocupaciones en clases siguiendo el mismo criterio que empleó Germani, encontramos que el porcentaje de clases medias en Chaco es casi idéntico al que corresponde al promedio de la Argentina: 43,9% y 43,6%, respectivamente, según datos para 2014 de la Encuesta Anual de Hogares Urbanos. Sin embargo, las diferencias entre provincias continúan existiendo. Aunque el Chaco se encuentra en una situación cercana a la del promedio del país, el tamaño de las clases medias a lo largo del territorio sigue siendo variable: oscila entre 36% en San Luis, hasta 67% en la ciudad de Buenos Aires.

Pero más allá de estas diferencias en el peso de las ocupaciones de clase media, una mirada más atenta a la estructura ocupacional del Chaco da cuenta de importantes especificidades. Así, aunque al igual que en el resto del país el sector servicios es el principal generador de puestos de trabajo, hay diferencias en el peso de los otros sectores de actividad. En particular, los contrastes en la importancia relativa del sector primario y la industria manufacturera son algo mayores. En comparación con los valores que se observan a nivel nacional, en el Chaco es menos frecuente el trabajo industrial (13% frente a 11%) y, sobre todo, más frecuente el trabajo en el sector primario (6,5% y 11,3%, respectivamente). En otras palabras, aunque en la actualidad la capacidad para generar puestos de trabajo del sector agropecuario es limitada, en el Chaco tiene una importancia mayor que en otras provincias.

Por otro lado, también hay diferencias importantes en las características de las ocupaciones tanto de clase media como de sectores populares. Algunos ejemplos ilustran estos contrastes. Las clases medias chaqueñas destacan, en primer lugar, por el muy reducido peso que tienen aquellos que ocupan posiciones de alta jerarquía y de mayor calificación: los profesionales o jefes de nivel superior son sólo 2,5% del total de ocupados (según datos de la Encuesta Anual de Hogares Urbanos de 2014), una cifra que representa aproximadamente la mitad que la que corresponde al promedio del país (5,6%) y que es muchísimo más reducida que la que se observa en la ciudad de Buenos Aires (14,7%), el distrito que detenta el volumen más elevado de este grupo.

En otras palabras, aunque en la actualidad la capacidad para generar puestos de trabajo del sector agropecuario es limitada, en el Chaco tiene una importancia mayor que en otras provincias

Otro rasgo que caracteriza a las clases medias chaqueñas es la relevancia del empleo público. Como ha sido señalado, un elemento destacado de la provincia en el concierto federal es el peso notable del empleo estatal. En efecto, la administración pública compromete, en esta provincia, a alrededor de cuarto de la población ocupada. Lo notable, contra ciertas visiones que critican el “asistencialismo estatal”, es que el empleo público se concentra sobre todo en ocupaciones de clase media: 39% de las clases medias chaqueñas trabajan en puestos del Estado, un porcentaje bastante más elevado que el que se registra en el total del país (27%). En cambio, en los sectores populares chaqueños el peso del empleo público es menor (12%), y similar al que corresponde, en promedio, al conjunto de la Argentina (10%). 

Las clases medias chaqueñas destacan, en primer lugar, por el muy reducido peso que tienen aquellos que ocupan posiciones de alta jerarquía y de mayor calificación: los profesionales o jefes de nivel superior son sólo 2,5% del total de ocupados

En cuanto a los sectores populares chaqueños, posiblemente uno de sus principales rasgos sea el alto grado de precariedad laboral. Los niveles de empleo no registrado de la provincia del Chaco se redujeron en forma significativa en el período post crisis 2003, pero continúan siendo muy elevados en términos relativos. En 2014, más de la mitad de los asalariados chaqueños, 55,5%, estaba ocupado en puestos de este tipo, frente a aproximadamente 36% en el total del país, lo que advierte sobre la menor calidad del empleo privado en la provincia. El empleo precario, sin embargo, no afecta a todos los trabajadores del Chaco por igual. En este sentido, si el empleo público,  típicamente de mayor calidad, se concentra en los sectores medios, el empleo privado precario lo hace sobre todo en los sectores populares. En efecto, si bien entre las clases medias chaqueñas el peso del trabajo no registrado es más elevado que en el total del país (28% y 20%, respectivamente), entre los sectores populares su incidencia es mucho mayor: la inmensa mayoría de los asalariados de este sector social de la provincia, el 76%, trabaja en condiciones precarias (frente a 48% entre los sectores populares del total del país).

39% de las clases medias chaqueñas trabajan en puestos del Estado, un porcentaje bastante más elevado que el que se registra en el total del país (27%)

La alta incidencia que continúa teniendo el empleo precario en la provincia y su concentración en los sectores populares, da cuenta no sólo de las desventajosas condiciones de trabajo a las que está expuesta la población que se ubica en la parte más baja de la estructura social del Chaco. También advierte sobre las menores oportunidades con que cuentan estos grupos para alcanzar niveles materiales de vida adecuados, en tanto es sabido que el empleo precario está asociado a ingresos más reducidos e inestables. Esto último merece particular atención en una provincia que, como otras del norte del país, sigue teniendo niveles altos de pobreza. En este sentido, según datos del censo, en 2010 el porcentaje de personas con necesidades básicas insatisfechas, aunque menor que en 2001, se mantenía en niveles elevados en comparación con otras provincias: 23%, frente a 12,5% en promedio para el total del país. Lo mismo sucede con los niveles de pobreza por ingresos: de acuerdo con datos del INDEC correspondientes a Gran Resistencia, en el primer semestre de 2017 había 34,7% de personas con ingresos inferiores a la línea de pobreza,  un porcentaje mayor al 28,6% del promedio del país y muy superior al 13,4% de la ciudad Buenos Aires, el distrito con la menor incidencia de pobreza.

Los niveles de empleo no registrado de la provincia del Chaco se redujeron en forma significativa en el período post crisis 2003, pero continúan siendo muy elevados en términos relativos. En 2014, más de la mitad de los asalariados chaqueños, 55,5%, estaba ocupado en puestos de este tipo

 

Conclusiones

Volver a la definición de sociedad y la conceptualización de sus temporalidades y geografías, se vislumbra como un desafío teórico de primer orden. La misma atención reclama la producción de conocimiento sobre las distintas provincias argentinas y el estudio de los mecanismos generales y específicos que estructuran niveles de bienestar distintos en cada una de ellas.        

Comenzar a dar respuesta a estos dos objetivos complementarios ha sido el propósito de estas páginas. Para ello, además de recorrer los distintos elementos que abrevan en la configuración de la estructura social, iniciamos una reflexión sobre en qué medida la escala provincial constituye un fundamento relevante en términos descriptivos y explicativos para caracterizar a la sociedad. Como primera caracterización empírica nos centramos en la provincia del Chaco, reuniendo alguna información fundamental sobre sus principales características que confrontamos, cuando fue posible, con los promedios nacionales y otros casos provinciales. En términos generales, los hallazgos aportados indican que, si bien aún persisten contrastes significativos, en las últimas décadas se ha asistido a un proceso de creciente convergencia entre los patrones sociodemográficos y ocupacionales de la provincia con los promedios nacionales, un hecho notable considerando la singularidad que detentó históricamente el norte del país.

En términos generales, los hallazgos aportados indican que, si bien aún persisten contrastes significativos, en las últimas décadas se ha asistido a un proceso de creciente convergencia entre los patrones sociodemográficos y ocupacionales de la provincia con los promedios nacionales, un hecho notable considerando la singularidad que detentó históricamente el norte del país

Aunque se trata apenas de los primeros pasos de una empresa intelectual que excede el espacio de este artículo, nos animó la convicción de que avanzar en esta senda puede resultar un aporte fundamental para la democracia argentina actual. Como ha señalado Fraser (2010), remitiendo a los dos significados de la noción de scale, la cuestión involucra tanto al mapa como a la balanza. El mapa concierne a las dimensiones espaciales de las desigualdades sociales. La balanza remite al juicio moral sobre el modo en que se resuelven conflictos, se distribuyen deberes y derechos entre los miembros de una comunidad. Las disputas por la coparticipación revelan este entrecruzamiento entre enmarcado geográfico y moral y llaman a un conocimiento más detallado de las estructuras sociales provinciales, sus niveles de bienestar y privación y los distintos factores que pueden facilitar la conformación de una sociedad nacional más igualitaria. 

 


[1] Estas reflexiones se nutren de la experiencia de una de las autoras como coordinadora de diversos proyectos de investigación en la Escuela de Gobierno de Chaco. A los distintos asistentes de investigación que participaron de esos estudios y a Mirta Merlo, nuestro agradecimiento. También nuestra gratitud a Ignacio Mazzola por sus enriquecedoras recomendaciones.

[2]Socióloga de la Universidad de Buenos Aires, magister en sociología económica del IDAES-UNSAM y doctora en ciencias sociales por El Colegio de México, investigadora del CEIPSU-UNTREF, gbenza@untref.edu.ar

[3] Socióloga de la Universidad de Buenos Aires, magister y doctora en sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales, investigadora independiente de CONICET con sede en IDAES-UNSAM, mariana.heredia@conicet.gov.ar

[4] Entre los estudios sobre recursos presupuestarios provinciales y regímenes políticos, puede mencionarse a Gibson y Calvo (2000) y Gibson (2005). Sobre la dispar calidad de las políticas públicas provinciales, véase  O’Donnell (1992), para la capacidad de garantizar derechos civiles y políticos);  Rivas (2004, para la calidad de las políticas educativas); Bonvecchi (2008) (para las políticas sanitarias y asistenciales). 

[5] Entre estas provincias fundacionales se encontraban Catamarca, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Jujuy, La Rioja, Mendoza, Salta, San Juan, San Luis, Santa fe, Santiago del Estero, Tucumán y, a partir de 1862, Buenos Aires.

[6] Es también el caso de La Pampa (provincializada en 1951), Misiones (1953), Formosa, Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz (todas ellas en 1955). 

[7] Los resultados serían bien distintos si incluyéramos a la ciudad de Buenos Aires. En apenas 200 km2, la misma albergaba en 2010 a 2.890.151 y detentaba por tanto una densidad poblacional de 14.450,8 por km2.

 

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