¡Efectivo YA! Endeudamiento de los Sectores Populares

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Miradas Locales

¡Efectivo YA! Endeudamiento de los Sectores Populares


Por: Camila Monzón y Lautaro Martín González Obregón
Tramas imagen-deuda-2 ¡Efectivo YA! Endeudamiento de los Sectores Populares  Revista Tramas

La corriente popular de economía pareciera definir a la deuda como una relación que se organiza en torno a la propiedad, una relación entre quien dispone o no de dinero. Pero la propiedad, más que referirse a los medios de producción como decía Marx, gira en torno a los títulos de propiedad del capital, en este caso: entre quien tiene acceso al dinero y quién no. El presente artículo en este sentido parte de hechos concretos y observables que hablan con claridad de la relevancia que adquirió el mercado de los sectores populares en el entramado financiero local: campañas publicitarias permanentes en medios gráficos y audiovisuales ofreciendo plata en el acto con slogans como “Efectivo ya!” “Préstamos a sola firma”, y  el incremento de la presencia de entidades financieras.

Es común que al sistema financiero se lo imagine como un espacio donde participan –casi con exclusividad- personas de alto poder adquisitivo con conocimiento especializado en la materia. Dicha mirada no es errada, pero sí parcial, ya que subestima la potencialidad de las finanzas.  En este sentido, se abandona la percepción de que finanzas y economía popular son dos mundos que no se mezclan; el primero, complejo y  de grandes operaciones monetarias y el segundo, artesanal y de escasa relevancia económica, pero con un potencial cada vez más explotado.

Dicho vínculo comercial-financiero vió sus inicios a partir de que los sectores populares empezaron a ser los beneficiarios de distintas políticas sociales, que se plasmaron a través de subsidios (por parte del Estado nacional o provincial). Dicha transferencia se convirtió en garantía de deuda, ya que al realizarse por medios bancarios, permitieron reemplazar o complementar la tradicional acreditación de los papeles del trabajador formal. Esto dio pie a que a las entidades financieras y no financieras pudieran devengar su cuota directamente sea a través de un descuento mediante el CBU o mediante la retención de la tarjeta. Con el transcurso de los años, los bancos y distintas entidades financieras no bancarias, atraídas por la economía informal en sus diversos matices, empezaron ya a operar sobre una franja específica de la población: informal, productiva y descapitalizada.

Así, la bancarización que surgió como forma de control de ese dinero proveniente del Estado fue aprovechada por instrumentos bancarios y financieros no bancarios para convertir en sujeto de crédito al sector de la población subsidiada.

Bien se podría argumentar que el mayor acceso al crédito constituye una posible mejora en las condiciones de vida, pero el punto que se quiere remarcar es que el endeudamiento en el que se involucran los sectores populares es vulnerable porque puede complicar la situación de subsistencia de los endeudados. Ya que lo que caracteriza a los trabajadores de la economía popular es la subvalorización de su trabajo, pero además, se caracterizan por pagar, en términos relativos, costos más elevados por el mismo producto consumido por clases más altas.

Desde la Escuela de Gobierno de la Provincia del Chaco, se llevó a cabo una investigación en el año 2015 la cual indagó el fenómeno de endeudamiento en los sectores de ingresos bajos, los datos obtenidos ayudan a dimensionar dicho fenómeno. Del total de encuestados, aquellas personas con ingresos menores a los $5.000 mensuales presentaron los mayores niveles de deuda, es decir, el ratio de endeudamiento calculado[1] supera el 30%, frente a los trabajadores de mayores ingresos, los cuales contaban con un ratio menor. En su mayoría, la franja de trabajadores con menores ingresos, compartieron ciertas características que los situaban en un plano de desventaja frente a los otros: eran principalmente mujeres menores a 30 años, cuyos estudios no superaban el secundario completo; además gran parte de las mismas, compartían la vivienda con más de 4 miembros (acentuando la necesidad de mayores gastos en consumo). Dicha franja de trabajadores, presentó un orden de prioridades de compra -con CFT que varían entre 60% y 200%- orientado a bienes de tipo no durables: celulares un 25,21%, seguido por los electrodomésticos con un 20,66%, y TVs con 14,88%.

En estos últimos años la vulnerabilidad de los sectores populares en Argentina se ha visto comprometida dado los vaivenes en la economía. Para entender esta afirmación vale recordar brevemente lo acontecido en este aspecto: en el período diciembre 2015 – diciembre 2017 se procedió a una fuerte devaluación del 41%, sumado a esto, se llevó a cabo un proceso de suba de tarifas de servicios públicos y combustible. Sólo en 2016, la luz, el agua y el gas aumentaron en 200%, 203% y 300% respectivamente, llegando en 2017 a un acumulado de 512%, 313% y 392%. Estos incrementos resultan particularmente significativos ya que merman su capacidad adquisitiva, teniendo que destinar un mayor caudal de dinero a la obtención del mismo nivel de consumo. En este punto, cabe recalcar que dicho sector al no contar con la posibilidad de paritarias queda aún más relegado, reforzando su vulnerabilidad.

Hasta aquí una idea ha quedado clara: los sectores populares se encuentran en una situación precaria debido a los desajustes macroeconómicos acaecidos en los últimos tres años. Esta situación de mayor vulnerabilidad tiene un impacto en sus posibilidades de consumo, debido a que destinan mayores ingresos en bienes y servicios imprescindibles, como ser alimentos, agua, luz y gas.

Asimismo, los sectores populares en Argentina hace ya algunos años comenzaron a ser incentivados a participar del sistema financiero mediante la ampliación del mercado de crédito vía préstamos en efectivo o emisión de tarjetas de crédito, a la vez que explícitamente desde el gobierno se incentivó el consumo a través de diversos mecanismos.

Esta nueva situación, que algunos podrían conceptualizar como una democratización del consumo, si bien permitió el acceso de los sectores de menores ingresos a bienes que antaño eran propios de otros estratos sociales -celulares de alta gama, electrodomésticos de última generación, indumentaria de primeras marcas, etc.-, lo hizo reproduciendo las diferencias sociales y económicas que operan en otros ámbitos de la vida económica y social.

En el cuadro N°1 se puede observar cómo el incentivo a consumir se materializó en una cartera de préstamos orientadas al consumo. Este viraje se consolidó hacia el año 2010 cuando su participación en el total de la cartera de préstamos de las entidades financieras alcanzó el 40%. Asimismo, es notorio como a partir del 2014 los mismos empiezan a crecer nuevamente, siendo 2017 el año en el que los créditos al consumo alcanzaron su mayor participación dentro de la cartera llegando a ser casi del 52%.

 

Cuadro Nº 1: Evolución de la Cartera de Préstamos

AÑOSConsumo (1)Comerciales (2)Garantía Real (3)
(1) Personales + Tarjeta
(2) Descuentos + Adelantos + Otros
(3) Hipotecarios + Prendarios
200315.50%41.95%42.54%
200419.19%46.20%34.61%
200524.45%48.15%27.39%
200630.09%47.19%22.73%
200734.78%43.15%22.07%
200838.02%39.33%22.65%
200939.22%38.40%22.38%
201040.64%39.89%19.47%
201140.49%41.50%18.01%
201240.00%42.61%17.39%
201338.78%44.60%16.63%
201440.20%44.06%15.74%
201543.08%43.50%13.42%
201644.95%42.64%12.42%
201751.95%32.85%15.18%

Fuente: Elaboración propia en base a información del Ministerio de Economía.

Llamativamente, la financiación para consumo entre 2003 y 2017 ascendió en términos absolutos: pasaron de 4.227 millones de pesos en promedio para el año 2003 a 535.994 millones de pesos en promedio para el año 2017, lo que supone un aumento de 127 veces en 14 años. Solo en los últimos 2 años, los préstamos al consumo crecieron 84%. Los oferentes de estos créditos se explican principalmente por las tarjetas bancarias y no bancarias, agencias financieras, mutuales y cooperativas, comercios minoristas y cadenas de electrodomésticos o de indumentaria e hipermercados. Algunos ejemplos de compañías financieras en la ciudad de Resistencia son: Credil, Credibel, Crediser, Corefin, Neacred, Federar y Efectivo Si, entre otras. Con respecto a las asociaciones mutuales y cooperativas, se puede mencionar a Palmares, Arraigo y Gran Cooperativa, éstas últimas famosas por su mal accionar.

La existencia de distintos tipos de oferentes de créditos para el consumo refleja la complejidad del mercado. Convirtiéndose por lo tanto, en un desafío para el Estado en lo que respecta al diseño de políticas públicas y la sanción de legislación adecuada para la supervisión del mencionado mercado. Aun con la pluralidad de actores descriptos, cabe aclarar que el liderazgo de este mercado lo poseen las entidades bancarias tradicionales que, operando a través de las compañías financieras y los retailers, posibilitaron la expansión del sistema financiero. Para resumir: el mapa de acreedores van desde cooperativas hasta comercios. Cada uno con una lógica distinta pero con una misma finalidad: captar recursos.

Asimismo, los costos del acceso al crédito varían mucho de una compañía a otra, por lo que a la hora de pedir un préstamo la información que se tenga sobre los mismos adquiere vital importancia. Otro punto importante son los requisitos que piden para conceder el crédito, en ese sentido los mismos se convierten en una línea de demarcación entre quien puede pedir un préstamo en un banco y quién no. En este caso, quienes no pueden acceder al sistema bancario formal son aquellos individuos que por su forma de inserción laboral o carácter de contratación no poseen los instrumentos necesarios para hacerlo -recibo de sueldo por lo general-. Por lo que la única alternativa que les queda es pagar costos que pueden llegar a ser de 200% de CFT.

Con motivo de identificar si hubo un aumento de las las entidades financieras localizadas en la ciudad Resistencia, -partiendo de una base de datos previamente elaborada entre 2015 y 2016- se realizó un recorrido por el microcentro a partir de cual se divisó un cambio sustancial en el número de oferentes.

Más precisamente desde Septiembre del 2016 hasta Febrero del 2018, se han identificado al menos unos 14 nuevos locales que comercian el dinero. En este relativamente breve lapso de tiempo, las nuevas unidades de préstamo registradas son tanto firmas nuevas como sucursales de firmas preexistentes. Prácticamente en su totalidad localizadas en el microcentro, en no más de 5 cuadras a la redonda. Todas con un perfil muy comercial, con buen asesoramiento en diseño gráfico y márketing para ofrecer sumas de dinero de 5 o 6 cifras usualmente con mínimos requisitos. Además, son locales amplios y bien iluminados que invitan a un número importante de clientes a ingresar. A continuación se dispone de un mapa con la localización de los hallazgos.

Imagen N°1: Localización en el microcentro de los nuevos locales identificados. 2018

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Fuente: Elaboración propia en base a datos recolectados

Una de las cosas que llamó la atención -a diferencia de lo que se encontró en el año 2016- es que ahora todas las casas de electrodomésticos tienen una línea de créditos. En su momento, Cetrogar tenía su propia financiera, pero actualmente entidades como Garbarino simplemente realizan estas operaciones -o al menos las ofrecen- en el propio local donde comercializan sus productos. Asimismo, algunos supermercados también se convirtieron en actores, como el caso de VEA con la tarjeta CencoSud.

La proliferación y expansión geográfica de estas entidades, hace suponer que el mercado de los sectores populares es particularmente rentable. Si nos centramos solamente en el costo al que ofrecen sus productos, se observa que los mismos están muy por encima de cualquier crédito formal, llegando a ser en algunos casos, cercano al 200% anual.

Si se tiene en cuenta la situación de vulnerabilidad social e inestabilidad laboral en la que se encuentran los sectores populares, parece poco razonable que el crédito al que acceden sea tan caro, siendo los mismos los que mayor protección social necesitan. Eso básicamente proviene de una premisa económica que establece que ante un mayor “riesgo” mayor retorno,  y esto confronta con un hecho concreto de las finanzas: las personas con menores recursos, son los que mayores tasas de devolución tienen al contrario de lo que la intuición podría indicar. Surge así un interrogante: ¿Por qué si son los que mayor tasa de devolución tienen pagan tasas tan altas? Se da por hecho que ante una cartera riesgosa el retorno esperado debería ser mayor, aquí no se cuestiona la idea, pero si la premisa de la que parte: no son carteras con un alto nivel de riesgo. Aquí podría cuestionarse los instrumentos que se utilizan para el cálculo de dicho riesgo.

Para resumir el perfil de los acreedores: son entidades que van desde mutuales-cooperativas hasta casas de electrodomésticos y bancos. Los costos de los productos financieros que ofrecen van desde los 6O% de costo financiero total a 200%. En su mayoría están situadas en el microcentro de la ciudad de Resistencia, y cuentan con requisitos mínimos de acceso. La franja del mercado sobre la cual realizan sus operaciones es de clase baja y media-baja con préstamos de poco monto.

Luego de caracterizar los diversos aspectos intrínsecos al endeudamiento de los sectores populares, se identificaron componentes que se consideran necesarios resaltar y remarcar.

Dado los desajustes macroeconómicos que tuvieron lugar en los últimos años se puede argumentar que la vulnerabilidad de los sectores populares aumentó en forma considerable. Esto se ve dado que tanto el aumento de las tarifas como la inflación hacen que los mismos gasten una mayor proporción de ingresos para mantener un mismo nivel de consumo, siendo este desfasaje (entre consumo e ingresos) la causa de la necesidad de financiamiento.

Sumado a lo primero, el tipo de inserción laboral es de tipo informal, lo que termina relegándolos del acceso al crédito formal, siendo requisito necesario tener al menos recibo de sueldo. Por lo que la alternativa que les queda son aquellas casas que dado los bajos requisitos prestan dinero a costos muy elevados. Es por esta razón que podemos argumentar que los sectores populares pagan más -en términos relativo- por los mismos bienes que otros estratos sociales más altos.

Por último, teniendo en cuenta la informalidad laboral y el posible desfasaje entre consumo e ingresos -que a priori significaría una mayor necesidad en la toma de deuda-, sumado a las elevadas cifras de  CFT que las entidades crediticias exigen, se puede inferir que la rentabilidad que pueden lograr estas compañías es alta. Esta idea queda respaldada con la eclosión de entidades financieras en el microcentro de la ciudad, evidenciado en el último recorrido.


[1] El ratio se calcula como: deuda mensual sobre ingreso familiar mensual.

 

Bibliografía

Roig, Alexandre (2013). Las deudas de la economía popular. Economía popular. IPES, Bogotá

Wilkis, A. (2013). Las Sospechas del Dinero – Moral y Economía en la vida popular. Paidós

Wilkis, A. (2014). Sociología del crédito y economía. Revista Mexicana de Sociología, 225-253.

 

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