Conversando con Verónica Robert

Compartir en

Conversaciones

Conversando con Verónica Robert


Por: Rafaela Lescano y Verónica Robert
Tramas veronica-robert Conversando con Verónica Robert  Revista Tramas

Verónica Robert Es Licenciada en Economía de la Universidad de Buenos Aires, Magíster en Economía y Desarrollo Industrial de la Universidad Nacional de General Sarmiento, y Doctora en Economía de la Universidad de Buenos Aires. Actualmente es investigadora adjunta CONICET y Directora del Centro de Estudios Económicos del Desarrollo, de IDAES-UNSAM.

Ha estudiado sistemas de innovación en países en desarrollo desde la perspectiva evolucionista neoshcumpeteriana, y la relación entre tecnología, especialización productiva y desarrollo económico. Es en ese sentido, realmente interesante conversar con ella, teniendo en cuenta el lugar que ha ocupado la ciencia en la escena pública este último tiempo, marcada por las últimas discusiones en torno a la influencia de las y los científicos e investigadores en las decisiones que ha tomado el Gobierno Nacional durante la pandemia.

 

En este último tiempo, ha cobrado gran visibilidad el debate en torno a la incidencia de la ciencia, la investigación e innovación tecnológica en los procesos productivos como en nuestras sociedades en general. En esta línea ¿Cuán determinante es la tecnología para el desarrollo económico y social de un país?

Bueno, la pregunta que haces es sobre mi es mi objeto de investigación, así que mi respuesta es, que es muy importante. Investigo fundamentalmente la relación que hay entre el cambio tecnológico y el desarrollo económico y obviamente el cambio tecnológico esta incidido por el cambio científico. En general, la preocupación ronda en una interacción muy estrecha entre desarrollo científico, desarrollo tecnológico, innovación, crecimiento y desarrollo económico. 

Ahora bien, ¿Cuáles son los canales por donde ellos operan?, fundamentalmente el canal clave aquí es la innovación, porque la innovación es la introducción de nuevos productos, nuevos procesos, nuevas formas de producir, nuevos procesos productivos, nuevas máquinas, equipamientos y servicios. Esa novedad, puesta al servicio de la transformación material de los insumos en productos, es lo que conduce a aumentos de la productividad y a aumentos del valor por, por ejemplo, mejora de la calidad.

A nivel internacional uno puede ver que de todos los países, los principales sectores y las principales empresas que hacen a las economías globales dinámicas son empresas basadas en la tecnología y en el conocimiento. Uno lo puede ver, por ejemplo, en la industria farmacéutica, en la industria química, en la industria de la maquinaria y el equipo, en la industria de la informática y las telecomunicaciones. Siempre vamos a ver esa estrecha relación. La literatura sobre este tema trata este problema desde un paradigma tecnoeconómico o paradigma tecnoproductivo. Donde tenemos un crecimiento económico en el marco de un modelo donde se van desarrollando las capacidades productivas de acuerdo a lo que ese paradigma este marcando; luego en periodos transicionales cuando hay un cambio de paradigma también se ve un fuerte impulso al crecimiento, por las innovaciones radicales involucradas. Entonces, uno puede ver a lo largo de la historia, la revolución industrial, luego la extensión del uso de la energía (vapor y carbón) luego la segunda revolución y la difusión de la electricidad y la producción en masa y más recientemente las tecnologías de la información y de la comunicación como un nuevo paradigma tecno económico que organiza la búsqueda, que genera nuevos productos y nuevos procesos, etc. 

 

Hasta aquí, hablamos de la teoría. Ahora bien, ¿qué es lo que sucede en la Argentina?

Vos decías algo que me parece muy importante «recientemente esto cobra visibilidad», pero ¿por qué esto es así? Cobra visibilidad recientemente porque atravesamos recientemente un contexto sanitario crítico, provocado por una pandemia mundial, el Covid. Frente a esto, Argentina pudo dar respuestas muy significativas por su desarrollo científico tecnológico. Argentina salió a dar respuesta sobre la base de las competencias de su sistema científico tecnológico y de su sistema productivo.

Primero quiero hablar del sistema científico y después del productivo. El sistema científico tecnológico lo que hizo fue generar nuevos productos en tiempo record, productos que eran esenciales porque en el contexto de la pandemia y los mercados mundiales estaban cerrados. Entonces, por ejemplo, teníamos problemas de abastecimiento de los más diversos que te puedas imaginar, desde respiradores y equipamiento hospitalario hasta barbijos y alcohol en gel, o insumos para laboratorio, todo estaba cerrado y Argentina tenía que dar respuestas a ese problema.

 

Cobra visibilidad recientemente porque atravesamos recientemente un contexto sanitario crítico, provocado por una pandemia mundial, el Covid. Frente a esto, Argentina pudo dar respuestas muy significativas por su desarrollo científico tecnológico. Argentina salió a dar respuesta sobre la base de las competencias de su sistema científico tecnológico y de su sistema productivo.

 

A partir de allí, el sistema científico se puso fuertemente en marcha y en tiempo record sacó productos terapéuticos como el suero equino hiperinmune, productos de testeo, hay al menos dos kit diagnóstico para detectar presencia de ANR de Covid por métodos rápidos desarrollados por el sistema público de CyT. Uno el ELA Chemstrip desarrollado por la Universidad de San Martin y la Universidad de Quilmes y dos empresas incubadas por estas universidades y otro por un consorcio en el que está el instituto Instituto Milstein y el Laboratorio Pablo Cassará, junto a Y-TEC, el Neo kit.

Esto fue desarrollado en tiempo record, en el caso de Ela Chemstrip se pusieron a investigar un día después del primer contagio en Argentina y en menos de 15 días tenían 10 pruebas para ir profundizando el final del producto y en 60 días lo tenían aprobado por ANMAT. Realmente, estos productos se generaron en tiempo record. 

Estos kit diagnósticos se pudieron generar en tiempo record porque teníamos investigadores que ya estaban desarrollando kit diagnósticos para otras enfermedades. Por ejemplo, en marzo, cuando se ponen a investigar el kit diagnóstico para Covid, el mismo equipo de trabajo estaba presentado en ANMAT, un kit para Dengue. Entonces, existe lo que se conoce como una plataforma tecnológica, cuando uno sabe desarrollar un tipo de productos, estos conocimientos pueden ser aplicados en cuestiones similares. Existía el conocimiento para kit diagnóstico, pero no se disponía de conocimiento para hacer uno específico para el Covid, fue la comprensión previa acerca de los kits diagnósticos y la articulación con otros actores lo que permitió desarrollarlo rápidamente. 

Otro ejemplo, y quizás tenga más que ver, son los barbijos del CONICET, es un barbijo que tiene un desarrollo nanotecnológico, lo que hace es generarle una película con un polímero especial a la tela por delante y por detrás con un tratamiento con ioes de plata y cobre que le dan propiedades sanitizantes. Era clave ese polímero porque es el que atrapa a los iones y se conocía porque investigadores venían trabajando desde antes en este material. Entonces una vez que avanzaron en las pruebas de concepto tenían que transmitir este conocimiento, al sector empresario, porque los conocimientos estos los tenían en el laboratorio.

 Hay un pasaje que es muy importante, que es cuando el conocimiento científico- tecnológico logra transformarse en un proceso productivo, este pasaje se llama  escalado y es muy complejo. En general, hay problemas para que esto se dé exitosamente,  podría decir que uno de los problemas más importantes que tiene el sistema científico tecnológico de Argentina para hacer efectivas innovaciones de sus desarrollos es el proceso de escalado. Pero en este caso, con el contexto de Covid, con la emergencia e incertidumbre que generaba, el proceso de escalado se dió exitosamente. En parte, porque la empresa que adoptó esa tecnología, una empresa textil del Gran Buenos Aires, Kovi S.R.L., se dedicaba a producir toallas y ya estaba preocupada porque las toallas en los hoteles después de ser usadas tienen olor y manchas. Entonces, ellos ya estaban pensando agregarle tecnología a las toallas para evitarlos.

 

En general, hay problemas para que esto se dé exitosamente, podría decir que uno de los problemas más importantes que tiene el sistema científico tecnológico de Argentina para hacer efectivas innovaciones de sus desarrollos es el proceso de escalado. Pero en este caso, con el contexto de Covid, con la emergencia e incertidumbre que generaba, el proceso de escalado se dió exitosamente

 

 

Entonces, ¿se puede decir que la pandemia disparó  esta dinámica de vinculación entre las empresas y los centros de investigación?

Exactamente, estos dos ejemplos muestran que el sistema científico tecnológico es muy importante para hacer frente a grandes desafíos sociales como el de la pandemia pero además, va a generar o va a estar asociado al desarrollo de nuevos productos, nuevos procesos y desarrollo económico en última instancia. Aquí se ve claramente el vínculo entre ciencia, innovación y producción. 

En este sentido, hay que revalorizar la ciencia y la tecnología y no solamente en su capacidad de generar benéficos económicos si no también en su capacidad de garantizar a la sociedad la respuesta ante situaciones límites, eso es ser un país soberano, un país que tiene una ciencia autónoma y al servicio de su comunidad.

 

¿Cómo está posicionada la Argentina en relación a otros países de Latinoamérica? 

Argentina es un país periferico a nivel mundial e internacional, dependiente tecnológico en muchos campos pero tiene un desarrollo científico tecnológico construido a lo largo de muchos años. Esto lo tenemos que subrayar especialmente. Argentina tiene un nivel universitario que se viene construyendo desde hace más de 200 años, justo el 12 de agosto fue el cumpleaños de la Universidad de Buenos Aires.

 

hay que revalorizar la ciencia y la tecnología y no solamente en su capacidad de generar benéficos económicos si no también en su capacidad de garantizar a la sociedad la respuesta ante situaciones límites, eso es ser un país soberano, un país que tiene una ciencia autónoma y al servicio de su comunidad

 

Tenemos un entramado institucional denso, donde existen investigadores y universidades. Ese entramado institucional denso que se fue construyendo a lo largo de muchos años da una red de soporte para poner a la ciencia al servicio de la comunidad. Ese entramado institucional tuvo problemas a lo largo del tiempo porque diferentes gobiernos lo golpearon, lo agredieron, lo debilitaron. Fueron múltiples los momentos en la historia en los cuales hubo conflictos importantes, tenemos por ejemplo la noche de los bastones largos y un proceso muy fuerte de diáspora de científicos durante el gobierno de Ongania. Pero, al mismo tiempo es un rasgo bastante arraigado en la cultura nacional, la educación universitaria de carácter universal, público y gratuito.

Diferentes gobiernos pueden decir «¿Para qué están los científicos?” los pueden mandar a lavar los platos como los han mandado o pueden mandar a los ingenieros a conducir un taxi como lo han hecho, pero no hay ningún gobierno que pueda ir marcha atrás con la educación superior pública universal y gratuita, y eso no es poca cosa. Esto no pasa en Chile donde los estudiantes tienen que endudarse para poder hacer una carrea universitaria, no existe en Perú y existe muy limitadamente en Brasil con muchas restricciones al acceso educativo. Entonces, a pesar de todo, Argentina tiene ese sistema que la deja relativamente bien parada en relación al resto de la región, pero al mismo tiempo está lejos de lo que sucede en otras latitudes, fundamentalmente en países desarrollados.

Esto sucede porque entre otras cosas, el sistema científico y tecnológico Argentino sufre lo que sufren todos los países  en desarrollo, existe esa tensión entre el desarrollo dentro de la trayectoria tecnológica global y el desarrollo dentro de las trayectorias tecnológicas locales. Entonces, a veces las empresas, el sector productivo e incluso las empresas públicas argentinas encuentran más dificultad para vincularse con  la ciencia y la tecnología argentina. Porque la ciencia y la tecnología buscan mover la frontera, buscan estar en lo último y la producción argentina no está en esa frontera, hay una disociación sobre la que hay que trabajar, investigar y estar.

Esta disociación no se desactiva bajando las competencias de la ciencia y la tecnología, sino elevando las competencias del sistema productivo. Esa es la disociación que le preocupa a la Agencia Nacional de Promoción Científico Tecnológica y al CONICET, cuando tiene que decir cuáles son las áreas estratégicas; y le preocupa a cualquier persona involucrada en la política que tenga que pensar y planificar el desarrollo económico argentino ¿qué investigar? y ¿por qué investigamos? Este es un punto clave.

 

En ese sentido, me das pie para la próxima pregunta. De cara al futuro y retomando una de las cuestiones que has trabajado en este último tiempo, ¿Cuáles serían los desafíos concretos que tiene la Argentina?

Bueno, el gran desafío que tiene Argentina es elevar las competencias del sistema productivo para poder aprovechar la potencialidad del sistema científico tecnológico. Tenía un profesor que siempre decía «el problema es que los científicos argentinos investigan los productos que la Argentina importa, no los que produce». Entonces, tenemos que lograr ese macheo[1] y lo tenemos que hacer no poniendo a los científicos a investigar problemas productivos básicos sino elevando el perfil productivo del país; haciendo que Argentina produzca cada vez más productos sofisticados del tipo que importa.

 

Bueno, el gran desafioque tiene Argentina es elevar las competencias del sistema productivo para poder aprovechar la potencialidad del sistema científico tecnológico

 

Con esto no quiere decir que se tenga que volver tecnológicamente autónoma en todos los sentidos. Obviamente que va a seguir inserta en el comercio internacional, pero tiene que ser una inserción inteligente, en donde se compre sabiendo que efectivamente es más ventajoso tener recursos desde el exterior que tener todo desde la Argentina y mientras que sea posible desarrollarlo hay que hacerlo. Incluso puede ser posible pero no rentable, aunque a veces la rentabilidad no tiene que ser vista exclusivamente desde una perspectiva estática, si no desde una perspectiva dinámica. Es decir, puede ser que no sea rentable ahora porque no tenemos la tecnología, porque no tenemos a los proveedores, porque no tenemos las instituciones. Pero si empezamos a hacerlo podemos ir construyendo a la par, las tecnologías y las instituciones, y ganar esa competitividad en una perspectiva dinámica. Esos son los grandes desafíos. 

 

¿Y qué economía del conocimiento es la que necesita nuestro país?

Voy a hacer una precisión particular sobre qué economía del conocimiento necesitamos. En este punto, no puedo dejar de hablar de la Ley de Economía del Conocimiento que tenemos, es una ley que se logró con un apoyo muy importante de todo el espectro político, que tuvo algunas modificaciones que la mejoraron de una forma significativa en 2020. Esa ley tiene un antecedente que es la Ley de Software Argentina. Es una ley que tiene una trayectoria más larga de unos ya casi 17 o 18 años. Fue una Ley que generó unos procesos de cambio estructural. Porque generó que Argentina produjera y exportara software de una forma que no lo había hecho en décadas previas. En el sector de software trabajan cerca de cien mil trabajadores, es muchísimo si uno lo compara con la industria automotriz que hoy emplea a cincuenta mil trabajadores, por ejemplo. Es un proceso de cambio estructural importante.

 

¿Se podría postular al desarrollo tecnológico como un factor capaz de reducir las brechas de desigualdad entre las regiones?

Si, hoy las tecnologías de la información y la comunicación son clave para el desarrollo económico, hoy muchos servicios están montados sobre la informática, la computación y la electrónica. Incluso hay un montón de nuevas tecnologías aplicadas al sector manufacturero que se conocen como industria 4.0 que justamente es un proceso de adopción sistemático, sobre todo integral, de incorporación tecnológica dentro de la fábrica y dentro de la empresa manufacturera.  Nosotros tenemos un sistema productivo que presenta niveles significativos de brechas tecnológicas, de atrasos tecnológicos y productivos. Los americanos son cada vez más productivos y nosotros somos cada vez más improductivos y para poder cerrar esta brecha tenemos que incorporar esta tecnología de la comunicación en la industria manufacturera.

¿Pero cómo  podemos incorporarla si el sector de software argentino esta mirante al mercado exterior? ¿Cómo podemos lograr una industria del conocimiento que produzca sistemas y soluciones informáticas integrales para el aparato productivo argentino y a la vez para el comercio internacional? Ese es un desafío enorme que va a enfrentar la Argentina en los próximos años porque tiene un sector de software fuerte y competitivo, pero que exporta un servicio de valor relativamente bajo y tiene una demanda local que va a acrecentarse fuertemente.

hoy las tecnologías de la información y la comunicación son clave para el desarrollo económico, hoy muchos servicios están montados sobre la informática, la computación y la electrónica. Incluso hay un montón de nuevas tecnologías aplicadas al sector manufacturero que se conocen como industria 4.0 que justamente es un proceso de adopción sistemático, sobre todo integral, de incorporación tecnológica dentro de la fábrica y dentro de la empresa manufacturera. Nosotros tenemos un sistema productivo que presenta niveles significativos de brechas tecnológicas, de atrasos tecnológicos y productivos. Los americanos son cada vez más productivos y nosotros somos cada vez más improductivos y para poder cerrar esta brecha tenemos que incorporar esta tecnología de la comunicación en la industria manufacturera

 

Ahora bien, ¿Cómo vamos a hacer para que el sector de generación de tecnología se vincule con el sector demandante de tecnología de la Argentina? Eso es muy difícil. Y ¿qué industria del conocimiento necesitamos? necesitamos una industria del conocimiento y las capacidades del aparato productivo argentino, de la industria manufacturera argentina, del agro, de los servicios argentinos, que mejore la productividad del sistema productivo argentino. Porque si no, la brecha de productividad va a seguir ampliándose.

 

 

 

 

Muchos actores del campo del software y los servicios informáticos argumentan que existe una demanda de trabajadores no cubierta debido a la escasez de mano de obra preparada para la actividad. En función de estos discursos, en los últimos años el Estado argentino ha promovido una serie de programas de formación de corta duración orientados a fortalecer la oferta de trabajadores de la programación. A tu parecer, ¿cuál es la prospectiva en Argentina en esta dinámica de demanda y oferta de trabajadores de la programación y los servicios informáticos?

Creo que son importantes los programas de capacitación y fundamentalmente aquellos dirigidos a la población joven y de más bajos recursos, que tienen más dificultad para poder incorporarse al mercado laboral. Creo que es una oportunidad que tenemos que dar cuenta, creo que hay que fortalecerlo. Lo que pasa es que me da la sensación de que todavía no tenemos conciencia de la magnitud de esa demanda de formación que tenemos. Por ejemplo, un programa que lanzo el Ministerio de Desarrollo Productivo el año pasado esperando que se anotaran diez mil personas, se anotaron cerca de cincuenta mil personas, erraron en la estimación de la demanda multiplicado por cinco. Es decir, hay una demanda de formación muy importante.

Por otro lado, tenemos un montón de carreras informáticas y algunas de larga data en Argentina, como por ejemplo, la de la Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires (Unicen) en Tandil, también la UBA y la UTN,  tienen carreras informáticas que se sostienen a lo largo de mucho tiempo. Tenemos también en Argentina una historia muy interesante de cooperación latinoamericana para la formación en informática que fue la ESLAI, -Escuela Latinoamericana de Informática- que tuvo una corta vida pero dejó una huella muy profunda en la formación de competencias y en la formación de formadores. Se dedicaba a formar personas con muchísima capacidad con la última tecnología en informática, en colaboración con Brasil.

Esto era caro, sin embargo a las personas que se formaron en la ESLAIN, uno las encuentra hoy en los principales institutos, universidades y centros de investigación del país. ¿Cuántas ESLAIN necesitamos para formar seriamente a una demanda de programadores que se inscriben en un programa? Podemos dar cursos cortos de formación pero también tenemos que tener en consideración la formación de los formadores. Si no lo hacemos podemos obtener una degradación educativa y vamos a tener un montón de gente que conoce un conjunto de herramientas pero que no conoce los principios fundamentales sobre los que esas herramientas están operando. Si queremos tener un sector dinámico, productivo e innovador no nos alcanza con ser usuarios de la tecnología vamos a tener que ser un poquito más que eso. Usuarios, pero adaptadores e innovadores sobre la tecnología y para eso no se requieren cursos cortos, se requieren ingenieros y doctores. 

Las carreras de informática tienen un grave problema, los estudiantes no terminan la formación porque consiguen un trabajo rápidamente cuando están en el tercer año de la carrera o antes. Entonces se van directamente a trabajar ganando muy bien, porque el sector software está mirando al exterior entonces logra pagos en dólares, muy altos. Pero nos quedan recursos humanos con formación incompleta, parcial, de carácter terciario.  No es que estoy en contra de la formación terciaria, pero tenemos que tener en cuenta que los egresados de la ESLAI hoy tienen cerca de 50 años ¿y la generación que sigue a esa gente? ¿Quiénes son los nuevos formadores de formadores? Existen algunas universidades que tienen capacidad de formación, no digo que todo sea desarrollo de bajo valor. Existen modelos importantes en paralelo, pero gran parte del sector software está mirando a una valorización rápida de competencias, que fueron construidas en la Argentina durante décadas. 

Es más o menos lo mismo que extraer petróleo, vos tenes un recurso que creaste trabajosamente, durante décadas y ahora lo exportas a un valor más bajo que al que lo generas, porque un programador Argentino gana ostensiblemente menos que un programador Americano y la reproducción de ese recurso no pareciera haber una preocupación sistemática seria, concienzuda sobre eso.  Hay una apuesta por una recuperación del recurso de más bajo valor, el recurso de la tecnicatura y está bien que haya tecnicaturas pero tenemos que seguir pensando en que formación de formadores vamos a tener y en que investigaciones en informática  vamos a tener. Hoy no hay prácticamente investigadores en CONICET en informática, porque el sueldo de CONICET para un programador es muy bajo. No hay becarios doctorales en informática (es decir, son muy pocos en relación con otras disciplinas) y eso es un problema porque no podemos tener meramente usuarios necesitamos investigadores en informática. De otro modo, no vamos a poder ni siquiera mantener lo que tenemos hasta ahora. 

Con la metáfora del petróleo, lo que quiero decir es que estamos haciendo una suerte de extractivismo de conocimiento y tenemos que cuidarnos de ello. En algunos casos logramos evitar eso vendiendo productos sofisticados y de calidad o generando productos para el mercado interno, pero en otros casos caemos en el extractivismo y si pensamos en una dinámica de mediano a largo plazo, tenemos que tratar de revertir esa dinámica. 

Finalmente nos despedimos reflexionando sobre los desafíos y necesidades que aún tenemos como país para cerrar las brechas tecnológicas, pero poniendo en valor el sistema científico técnico que la Argentina supo construir y sostener, aunque por algunos periodos con mayores dificultades que otros. Enfatizando en la capacidad de la ciencia y la tecnología para la construcción de un país soberano, tal y como lo sostuvo Verónica durante la conversación, no solamente en su capacidad de generar benéficos económicos sino también en su capacidad de garantizar a la sociedad la respuesta ante situaciones límites. Eso, afirma la especialista, es ser un país soberano, un país que tiene una ciencia autónoma y al servicio de su comunidad.


[1] Vinculación.

Compartir en

Comentarios cerrados.