Cómo mueren las democracias

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Reseñas

Cómo mueren las democracias


Por: Equipo Editorial
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Los autores, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, -profesores de la Universidad de Harvard- realizan en este libro un pormenorizado repaso histórico a fin de poner en evidencia no sólo las transformaciones y diversas variantes de las democracias en Occidente sino de manera particular plantean –y documentan- que ya no resultan las únicas formas o ni las más determinantes para el derrumbe de una democracia la interrupción violenta del orden constitucional, los golpes o la intervención militar, sino que en los últimos tiempos lo que se evidencia es un lento y gradual deslizamiento hacia el autoritarismo de formas mucho más sutiles.

En su investigación histórica, realizada a lo largo de las dos últimas décadas, los autores analizan la caída de varias democracias en Europa y Latinoamerica, en un arco que va desde el examen de las características del advenimiento de la dictadura de Pinochet en Chile al deterioro del sistema constitucional turco bajo Erdogan para identificar los procesos que se activan cuando un sistema democrático se está debilitando y a punto de ceder.

 La tesis de Levitsky y Ziblatt comporta una profunda paradoja ya que –producto de sus observaciones- concluyen que en la actualidad el camino electoral es el más directo para acabar con las democracias.
Sostienen los autores que en las últimas décadas (especialmente después del final de la Guerra Fría) buena parte de los colapsos democráticos no fueron el resultado de acciones llevadas a cabo por “…los generales y los soldados, sino por los propios gobiernos electos” que subvierten las instituciones democráticas.

 Esta modalidad de deterioro –al decir de los autores- comporta un peligro mayor por cuanto “la gente no se da cuenta de inmediato de lo que está pasando” por lo que muchos “continúan creyendo que viven bajo una democracia.” La erosión de la democracia es entonces para muchos casi imperceptible, porque el progresivo debilitamiento de las instituciones tanto como su manipulación aparecen veladas o enmascaradas.

Señalan que una de las grandes ironías de por qué mueren las democracias “….es que la defensa de la democracia suele esgrimirse como pretexto para su subversión.” Se proponen e implementan en ese marco modificaciones al sistema electoral, redefinición de los distritos electorales, simplificación de procesos, reformas del aparato de justicia para hacerlo más ágil y/o eficiente, etc. etc. que en realidad terminan instituyendo formas de manipulación que afectan la calidad institucional.
  Así si bien hoy sigue siendo posible la imposición de una dictadura por un golpe de Estado ya sea dirigido por militares o civiles resulta evidente que los peligros que acechan en el presente a las democracias occidentales son otros y se derivan –lamentable y paradójicamente- del propio funcionamiento de las instituciones democráticas. Fuerzas políticas antidemocráticas capturan y resignifican, de forma gradual y más o ménos abiertamente, pero dentro de la legalidad y sin marcadas alteraciones constitucionales, las instituciones y ocurre que sin dejar de ser formalmente una democracia el régimen político es vaciado de contenido democrático.

 Existen señales de alerta que los autores destacan a fin de prevenir o corregir los deslizamientos hacia una autocracia. Mencionan especialmente el surgimiento de líderes autoritarios elegidos democráticamente que se presentan a sí mismos como antisistema y antipolítica.

 Ponen énfasis en que las señales de alarma deben activarse tempranamente cuando se evidencia un rechazo o hay débil aceptación de las reglas democráticas de juego, cuando se niega o cuestiona la legitimidad de los adversarios políticos, cuando hay tolerancia o fomento de la violencia, cuando hay predisposición a restringir las libertades civiles de la oposición y/o de los medios de comunicación.
Cómo mueren las democracias sistematiza esas señales en un conjunto de indicadores muy útiles para examinar nuestra democracia y particularmente para construir las imprescindibles respuestas desde los partidos políticos y la ciudadanía toda para defenderla de manera efectiva.

 Finalmente los autores destacan que “…Las instituciones por sí solas no son suficientes para controlar a los autócratas elegidos” por lo que el orden democrático y las constituciones deben ser defendidos por los partidos políticos y los ciudadanos organizados. De lo contrario “…las instituciones pueden convertirse en armas políticas manejadas con fuerza por aquellos que las controlan contra quienes no las tienen.”

 

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