Mipymes, territorio y la necesidad de una mayor institucionalidad productiva

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Mipymes, territorio y la necesidad de una mayor institucionalidad productiva


Por: Laura López Iglesias
Tramas SOJA Mipymes, territorio y la necesidad de una mayor institucionalidad productiva

Las Mipymes y la economía nacional

Sabemos que el entramado productivo del país está compuesto centralmente por Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Mipymes), y esto es una cuestión trasciende el orden cuantitativo, ya que el aporte y el impacto de las Mipymes en el conjunto de la economía del país es además cualitativo. Esto en la medida que las Mipymes son las principales generadoras de mano de obra, y ello redunda entre otras cuestiones, en la promoción del arraigo local y el fortalecimiento de las prácticas culturales y simbólicas de los territorios. Además las Mipymes son las que más aportan a una mejor distribución de bienes y servicios, así como en el uso de los recursos y de la riqueza que generan. Otra característica distintiva de estos segmentos es que suelen ser flexibles, lo que les permite, cuando su contexto operativo lo habilita, a adaptarse con cierta facilidad a los cambios tecnológicos y económicos y en lo referido a la producción de empleo.  Tienen también un gran potencial de crecimiento, pero lo que más caracteriza a las Mipymes argentinas, es su capacidad de funcionar, tomar decisiones y sostenerse en escenarios casi siempre determinados por la incertidumbre. 

En nuestro país más del 90% de las empresas son micro, pequeñas y medianas, y de conjunto generan alrededor del 70% del empleo.

En nuestro país más del 90% de las empresas son micro, pequeñas y medianas, y de conjunto generan alrededor del 70% del empleo. Sin embargo, a pesar del aporte que representan las Mipymes al conjunto de la economía, las mismas deben lidiar con importantes dificultades estructurales como el escaso acceso al financiamiento, la elevada presión impositiva y la falta de instrumentos de fomento y apoyo a este sector, adecuados a las características  y necesidades reales de las firmas.

 

Las Mipymes en el NEA

Hasta aquí se ha caracterizado con una pincelada a las Mipymes y lo que representan en la economía nacional. Ahora bien, teniendo en cuenta las dimensiones del territorio nacional y sus históricos desequilibrios regionales, resulta importante preciar los rasgos distintivos de la región NEA para determinar más claramente el rol de la micro, pequeña y mediana empresa en esta región.  

Las provincias que integran la región del NEA son las de mayor atraso del país, lo que se expresa, entre otras cosas, en: reducidos valores de PBI por habitante, con profundas desigualdades en materia de distribución del ingreso; bajos niveles salariales, con sus consiguientes impactos sobre el perfil (cuantitativo y cualitativo) de la demanda; elevados índices de desocupación, subocupación y otras problemáticas críticas vinculadas con el mercado laboral; débiles estructuras productivas, por lo general muy afincadas en torno al sector primario, con escaso grado de elaboración y un alto componente de “importación” de valor agregado proveniente de otras provincias; y elevada informalidad empresarial. A ello cabría adicionar los marcados déficits sociales que, a raíz del señalado cuadro estructural, suelen presentar estas provincias en materia sanitaria, habitacional, educacional, de infraestructura, etc.

La estructura productiva se encuentra muy sesgada al procesamiento de recursos básicos con escaso grado de elaboración, mucho empleo precario, informal, con salarios reducidos en términos absolutos y en comparación con los registros prevalecientes en otras regiones del país.

La estructura productiva se encuentra muy sesgada al procesamiento de recursos básicos con escaso grado de elaboración, mucho empleo precario, informal, con salarios reducidos en términos absolutos y en comparación con los registros prevalecientes en otras regiones del país

Esta situación se agrava por la existencia de producciones líderes caracterizadas por un elevado grado de concentración en un escenario de una gran cantidad y variedad de micro, pequeños y medianos productores y empresarios, en escenarios de escasa o nula regulación sobre la relación entre estos actores. El claro resultado de dicha caracterización es la creciente concentración económica a favor, en numerosas ocasiones, de un puñado de grandes agentes de carácter transnacional o locales “extra-provinciales” o “extra-regionales”.

Pese a ello, se trata de provincias que también tienen muchas potencialidades en lo que atañe al desarrollo socio-económico. Especialmente por la presencia de una gran cantidad de Mipymes que, tal como mencionamos anteriormente en términos generales, aportan a la región un importante dinamismo en lo que se refiere a la creación de empleo tanto directo indirecto y presentar un potencial efecto multiplicador en materia productiva sea en términos intraindustriales o, más aún, en lo que se vincula con la producción primaria.

 

Las Mipymes en el NEA y la necesidad de una mayor institucionalidad productiva

Si bien la caracterización del perfil socio-productivo de la región no es muy alentadora, la presencia de un importante tejido Mipyme evidencia un potencial de cara a desandar las marcadas asimetrías a partir de su capacidad de generación del empleo y la mejor distribución bienes y servicios que éstas suelen tener.

Sin embargo, es evidente que para generar entornos productivos más auspiciosos las Mipymes locales no pueden hacerlo solas; es por ello que se cree que es necesario contar con un soporte institucional local que coadyuve al fortalecimiento de los sistemas productivo-territoriales.

Cuando se habla de Instituciones para el desarrollo o soporte institucional local, estamos pensando en sentido amplio: en organizaciones sociales y de la sociedad civil (cámaras empresariales, agencias de desarrollo, mesas de sectoriales y de integración productiva, etc) y también en ámbitos vinculados a la producción y difusión de conocimiento (universidades, Institutos de investigación, centros de formación y de servicios, etc.) siempre en articulación con los gobiernos locales y provinciales.

Entonces, además de la presencia en el territorio del tejido productivo integrado esencialmente por Mipymes, es fundamental contar con un soporte institucional local lo más denso y articulado posible que pueda promover mejoras en el entorno a partir de diversas acciones que éstas puedan realizar en el territorio aportando una visión más integrada y estratégica. Ya que, como se ha señalado, las Mipymes en el afán por sortear diversas dificultades van perdiendo en el camino una visión estratégica ligada al territorio.

Por otro lado, por las características de composición y funcionamiento de estas empresas, que por lo general son de composición familiar en la que todos hacen todo, difícilmente puedan apropiarse y aprovechar los distintos instrumentos de promoción y fortalecimiento pyme que puedan ofrecer los Programas nacionales, provinciales y, en algunos casos, municipales. Muchas veces las empresas no conocen estos programas ya que no cuentan con una persona dedicada a revisar la oferta de herramientas de fomento al sector, o no tienen capacidad técnica para plasmar las necesidades de la empresa en un proyecto productivo que aplique en estas líneas de apoyo financiero.

Por lo tanto, contar con instituciones para el desarrollo en la región favorece en diversos sentidos.  Por un lado, porque estas instituciones locales, muchas veces son las que toman el rol de agentes del desarrollo y, desde esta perspectiva, pueden aportar mucho a redefinir un perfil productivo ligandolo a las características particulares de cada territorio (productivas pero también culturales e idiosincráticas) para aprovechar mejor y poner en valor las ventajas competitivas de la región. También pueden colaborar en fomentar redes y procesos de cooperación entre las empresas, promover la consolidación de los principales eslabonamientos productivos y cadenas de valor propios de un territorio, impulsar la conformación de clusters de proveedores de grandes empresas y fomentar la conformación de grupos de compras de determinados.

Por otro lado, porque pueden funcionar como articuladoras entre los recursos existentes en materia de instrumentos de promoción, los territorios y los actores destinatarios. Y funcionar a la vez como soporte técnico a las Mipymes para que las mismas puedan acceder a los distintos programas de asistencia al sector.

Por último, estas instituciones pueden aportar a marcar una impronta propia en el territorio a partir de desplegar sinergias, estrategias conjuntas, y poder compartido de una trama productiva más integrada.

El desarrollo no sólo representa una movilización acumulativa de factores productivos, sino que comprende un proceso de aprendizaje colectivo, cambio cultural y construcción política generado por los actores locales a partir de sus propias capacidades.

El desarrollo no sólo representa una movilización acumulativa de factores productivos, sino que comprende un proceso de aprendizaje colectivo, cambio cultural y construcción política generado por los actores locales a partir de sus propias capacidades. Y en ello, la institucionalidad local tiene un buen desafío por delante. Se trata de una cuestión sumamente relevante, que esperemos forme parte central de la estrategia de desarrollo productivo del gobierno iniciado en diciembre de 2019.

 

 

 

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