¿Es la deuda una alternativa igual para todes?

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Miradas Locales

¿Es la deuda una alternativa igual para todes?


Por: Afra Blundetto y Matías Flores
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En el marco de una investigación[1] llevada a cabo para conocer el impacto de la pandemia por la COVID-19 en las dinámicas de endeudamiento de los hogares de Resistencia  se realizaron una serie de entrevistas a personas de diversas profesiones, estratos sociales y nivel educativo. Del análisis de estas entrevistas, nos parece especialmente relevante destacar un aspecto: cómo la pertenencia a un estrato social u otro afecta a la interpretación que se hace de la decisión de tomar deuda. Existe una lectura ortodoxa que asume que el acceso al crédito es siempre positivo, permite potenciar el ahorro y la inversión, generando procesos inclusivos que permiten mejorar la distribución del consumo a lo largo de la vida de las personas. Esta es la base de la política de inclusión financiera defendida por algunos organismos multilaterales.

Sin embargo, encontramos que el acceso a crédito entre distintos agentes sociales difiere no sólo en cuanto a montos, condiciones financieras, tipo de acreedor, sino incluso en relación a los motivos que movilizan la operación. Como dice Magdalena Villarreal:

“Con base en información etnográfica sobre la interacción con tenderos se discuten distintos tipos de deuda, ahorro y préstamo, enfatizando la importancia del espacio simbólico y social que se genera en torno a estas transacciones. El argumento central es que los dineros se transforman para adecuarse a una variedad de valores y relaciones sociales y que en estos procesos, la atribución de identidad juega un papel importante”[2].

Dicho de forma sintética, encontramos en el trabajo de campo realizado en Resistencia que los sectores medio-altos tienden a utilizar la deuda bajo una racionalidad financiera, que les permite planificar en el tiempo aprovechando circunstancias de precios para realizar inversiones (productivas o en bienes de uso durables). En cambio, los sectores medios y populares tienden a tomar deuda como mecanismo defensivo, para compensar interrupciones o caídas en los ingresos, atender emergencias que de otro modo no podrían ser resueltas. Las condiciones de contratación tienen menos peso en la decisión ante la necesidad. En tal sentido, siguiendo el argumento hasta el final, podría encontrarse una racionalidad en la toma de deuda en condiciones desventajosas, basada no en el cálculo, sino en la necesidad.

 

Del análisis de estas entrevistas, nos parece especialmente relevante destacar un aspecto: cómo la pertenencia a un estrato social u otro afecta a la interpretación que se hace de la decisión de tomar deuda

 

 

Tipos de deudas e interpretaciones asociadas

La deuda como tal es tomada como compromiso de pago, que exige un grado de presión más importante. En varias entrevistas surgía la idea de que: “Cuanto antes te des-endeudas, mejor”. El préstamo puede ser concebido en un aspecto formal, por ejemplo cuando se recibe financiación de un banco o de un prestamista, o en un aspecto informal, cuando provienen de amigos y familiares. En este último caso es considerado un favor, y está bien visto por la sociedad la ayuda en momentos de necesidad. Hablamos de créditos cuando involucramos instituciones financieras o el Estado, donde el marco de derechos y obligaciones es preponderante. Por último, se suele mencionar el saldo en cuenta corriente o fiado -en términos más formales e informales, respectivamente- para denotar las mercancías que no se liquidan inmediatamente pero si en un período de tiempo relativamente corto. Vendría a ser una especie de pago diferido por negociaciones de bajo monto. Veremos cómo dependiendo de la posición social del actor que analicemos  serán más frecuentes unas u otras formas de deuda.

Las interpretaciones difieren según que agente miremos. Para quienes no tienen un ingreso fijo actúa como un mecanismo de ayuda al consumo intertemporal al permitirles acceder a bienes que en condiciones normales no podrían acceder. Para quienes cuentan con un ingreso más seguro y tienen una mentalidad más “economicista” sirve como instrumento estratégico para ganarle a la inflación. En ambos casos encontramos quienes evitan endeudarse, ya sea por malas experiencias en el pasado, o por cómo está configurado su pensamiento. En ese sentido, uno de los entrevistados afirmó que: “al ser una persona formada en económicas no haría tal cosa”.

Las entrevistas realizadas dejaron ver que, en su mayoría, los préstamos entre amigos y familiares aparecen por compasión o empatía. Los prestatarios se convalecen de la situación por la que está pasando la otra persona y en calidad de persona altruista le ofrecen algún tipo de ayuda, sea financiera o a través de bienes.

Las prácticas con prestamistas y fiados se encuentran con mayor frecuencia en sectores populares, donde son víctimas de altas tasas de interés. Posiblemente el hecho de no contar con la posibilidad de acceso a un crédito bancario, o alguna otra institución financiera, haga que caigan en estas prácticas usureras que si bien los “saca del apuro” tienen efectos negativos en el mediano-largo plazo. De hecho, la informalidad juega un papel importante en estas situaciones, ya que el no tener como “demostrar” su capacidad de pago la figura del prestamista toma recaudos frente a esta situación de mayor riesgo de impago, cobrando tasas de interés superiores a cualquier otra institución.

El uso de los créditos se extiende a todos los sectores, aunque con finalidades distintas. Se encuentran quienes los usan estratégicamente, ya sea para surtir los efectos de las distintas políticas económicas implementadas en el país o para adquirir bienes que demanden mucho dinero, y quienes lo usan por necesidad, como por ejemplo comprar alimentos en 3 cuotas sin interés por falta de fondos.

 

Descripción de personas y experiencias

María vive en un departamento alquilado hace 4 años aproximadamente con sus dos hijos, de 3 y 6 años, y su marido. Ambos son cuentapropistas, por lo que no tienen un ingreso fijo a fin de mes. Al no considerarse una persona “de los préstamos”, aprendió a organizar sus prioridades pagando todos los gastos fijos primero (servicios, impuestos, tasas, alquiler, etc.) y luego lo demás “para poder dormir tranquila”.

Siendo hija de una cosmetóloga, de joven encontró su oficio en la peluquería y desde los 20 años aproximadamente trabaja en una que queda en el centro de Resistencia. Allí se ofrecen servicios de corte de pelo, tinturas, alisados permanentes y demás, pero también se venden productos para el cuidado del cabello y la piel. La pandemia por la COVID-19 afectó su trabajo en un 100%, dejando de trabajar automáticamente. A pesar de hacer todo lo posible para que el estancamiento de la actividad no le afectara, contactando a sus clientas por WhatsApp para vender todo lo que podía -desde tinturas preparadas y cosméticos hasta ropa deportiva- y trabajando muchas horas de corrido. Cuando se flexibilizaron las restricciones, recibió préstamos por parte de toda su familia y fueron usados “para todo” (incluyendo el pago de sueldos del personal y los servicios domésticos).  Esto refleja como el acceder a la deuda es considerado únicamente como último recurso, y no a cualquier tipo de deuda, sino al préstamo familiar por ser considerado socialmente aceptado pedir prestado a familiares y una obligación para estos el ayudar en momentos de necesidad.

 

Algo que no pasa desapercibido es que si ya existe reticencia a endeudarse con personas y los bancos, las altas tasas de interés asociadas a los créditos con las financieras hacen que sea una práctica generalmente “inconcebible”.

 

Esta mentalidad aparece en varios casos y se puede dar por diversos motivos. Puede darse por el miedo a las complicaciones legales o económicas que puedan surgir, por haber tenido malas experiencias en el pasado o por pensar que tienen todo bajo control gracias a ser personas organizadas. Además, se destaca el “prejuicio” que existe en torno a la deuda sobre cómo pueden acarrear conflictos y tensiones entre personas. Algo que no pasa desapercibido es que si ya existe reticencia a endeudarse con personas y los bancos, las altas tasas de interés asociadas a los créditos con las financieras hacen que sea una práctica generalmente “inconcebible”. No sería extraño suponer que estas personas pueden acceder a créditos en el banco prefieran hacerlo en estos sustituyendo a las financieras. Ahora bien, las personas que no pueden acceder a estos créditos deben rebuscarse de alguna manera, y ahí es donde se presentan las oportunidades para las entidades financieras -con requisitos mínimos- y la figura del prestamista.

Nuestros trabajos nos dejan ver ciertas conductas en las deudas entre familiares y amigos. Siempre surge el rol de la moral, de la conducta usurera que implicaría cobrar intereses, incluso en situaciones de interesantes niveles de inflación donde se evitan cobrar intereses a los conocidos por motivos éticos y hasta en algunos casos se llega a condonar la deuda:

“Una estrategia para desanimar las solicitudes de préstamos recurrentes es proporcionar el dinero como regalo en lugar de concederlo como préstamo.
De esta manera el donador cuenta con mayor libertad para decidir sobre la cantidad que otorgará, y el solicitante se verá moralmente obligado a no solicitar de nuevo”.[3]

Distinto es el caso de Juan, que cuenta con un puesto de gerencia en una institución bancaria, y si bien acompaña este pensamiento acerca de la obligación de ayudar económicamente a su familia, intenta enseñar/educar a sus hijos con valores que considera importantes en relación a las deudas, estimulando la disciplina ante los préstamos familiares que les otorga. Al trabajar en un banco y poseer ingresos altos y asegurados, presenta una visión economicista de la deuda. Éste profundiza en la idea de endeudarse como herramienta para llevar a cabo sus consumos, y se destaca que la presencia constante de la deuda en su vida no parece ser percibida como una amenaza a su economía, sino como algo deseado. Cabe destacar que con ingresos altos y seguros, es poco probable para el individuo verse moroso, y por ende de enfrentar tasas muy desfavorables. Además de ello, el trabajar en el ambiente de la economía hace que esté más al tanto de las herramientas financieras que pueden beneficiar su situación económica/financiera, sin mencionar que sus recursos y trayectoria laboral le permiten cumplir con los requisitos establecidos por los bancos para acceder a créditos bancarios en lugar de caer en préstamos menos favorables como los que brindan financieras o prestamistas particulares.

A diferencia de otros estratos sociales, en este caso el proceso de endeudamiento no surge por “verse ahogado” o “en una situación límite”, sino que resulta de “buscar la mejor opción”, la cual muchas veces resulta ser la de pago en cuotas con tarjeta de crédito en casos de gastos en vestimenta, tecnología, etc, siempre que el precio fuera el mismo que pagando de contado.

“El razonamiento es financiero, si el precio es el mismo que de contado, pero lo podes pagar en 6 cuotas, lo pago en 6 cuotas lo que sea, porque… ganas por inflación”

Es así que existen dos caras de una misma moneda. Por un lado, la deuda como un salvavidas en caso de emergencia, y por otro lado, la deuda aparece como una herramienta para reducir los costos de los bienes. Se establece así una lógica del “ganar más”, o en este caso “perder menos”, utilizando la deuda como herramienta para amortizar las compras.

Además de la deuda para llevar a cabo el consumo, también se la puede observar como inversión para personas de estratos más altos, en forma de ahorro utilizando los créditos para la compra de un terreno extra o renovando el auto por un 0km. En entrevistas realizadas hallamos que en estos casos, algunas veces se endeudaban con “tasas muy buenas” por montos elevados, para comprar un terreno con el fin de disponer de él como reserva de valor. Aquí podemos mencionar el crédito bancario a tasa conveniente a pagar en moneda local para adquirir un bien que luego podrá revender en dólares.

 

Es así que existen dos caras de una misma moneda. Por un lado, la deuda como un salvavidas en caso de emergencia, y por otro lado, la deuda aparece como una herramienta para reducir los costos de los bienes.

 

Se ve reflejada la dicotomía entre quienes pueden cumplir con los requisitos, y sobretodo, para quienes pueden contar un remanente importante de ingresos todos los meses destinado a la deuda, respecto de aquellos tuvieron malas experiencias endeudándose, quienes no disponen de ingresos altos para destinarlos a pago de deuda por un largo plazo de tiempo, y quienes quedan relegados del sistema bancario. Asimismo, el fiado en estratos sociales altos se plantea desde un lugar totalmente  opuesto al propuesto en sectores de la economía popular, donde las relaciones de confianza juegan un papel importante. Contar con capital económico le transmite más seguridad al fiador a la hora de otorgarle los bienes a la persona en cuestión, mientras que  desde sectores populares surge toda una dinámica respecto al fiado ya que es la subsistencia y la disponibilidad de dinero comandan sus acciones. Es así que no dejan de acrecentarse las dudas respecto a la inclusión financiera que, en teoría, debería  llegar a cada vez más personas.

 

Comentarios finales

Está claro que el acceso a la deuda resulta diferencial dependiendo de qué agente miremos, debido a que poder demostrar cierta capacidad de pago implica que resulte más fácil acceder a más y mejor crédito para algunos que otros. De esta manera, los motivos que guían la toma de deuda difieren dependiendo del nivel de ingresos y su estabilidad laboral ya que, por ejemplo, los hogares con ingresos altos suelen encontrar sus motivos en la conveniencia económica/financiera, mientras que en los estratos bajos tiende a aparecer la figura de la necesidad.

De esta manera podemos afirmar que la percepción del endeudamiento depende de diversos contextos y oportunidades. Las políticas deben adaptarse a las prácticas de la ciudadanía y para esto es necesario repensar cómo las personas interactúan con la deuda y sobre todo reflexionar en por qué existen individuos que tienen tal aversión a ella. Además deben revisar que, más allá de lo dispares que resultan las tasas de interés, montos y plazos que se otorgan dependiendo del individuo, está claro que hay una marcada diferencia entre quienes toman deuda para cubrir necesidades básicas y los que lo hacen en forma de cálculo racional donde, paradójicamente, quien tiene menos urgencia y necesidad, es quien accede a las mejores condiciones.


[1] Disponible en: http://escueladegobierno.chaco.gov.ar/images/nuestras-publicaciones/endeudamiento-de-hogares-en-resistencia.pdf

[2]  Villarreal, M. (2014). Deudas, drogas, fiado y prestado en las tiendas de abarrotes rurales. Desacatos. Revista De Ciencias Sociales, (3), 69–88. https://doi.org/10.29340/3.1250

[3]  Villarreal, M. (2014). Deudas, drogas, fiado y prestado en las tiendas de abarrotes rurales. Desacatos. Revista De Ciencias Sociales, (3), 69–88. https://doi.org/10.29340/3.1250

 

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