¿Ciclos, líneas, o péndulos?

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¿Ciclos, líneas, o péndulos?

(Política Argentina, en clave de pujas)


Por: Bernardo Dikstein
Tramas Circulo ¿Ciclos, líneas, o péndulos?  Revista Tramas

“No son setenta años de peronismo; son ciento veinte de oligarquía”. Esta es la conclusión a la que arriba Alan Beattie[1] en su libro “False economy. A Surprising Economic History of the World”, al abordar en un capítulo de este el interrogante de “¿Por qué la Argentina no fue EEUU?”.

Su respuesta es concisa: en tanto que EEUU distribuyo la tierra en parcelas pequeñas, Argentina se la dio a unas pocas familias.

EEUU privilegió a colonos usurpadores, Argentina a terratenientes. El resultado contiguo fue que mientras en EEUU la poca tierra obligaba a innovar para optimizar y mejorar ganancias, al latifundio argentino le alcanzaba con vacas, ovejas y alambre de púa.

Para Beattie la historia económica de los países es la consecuencia de decisiones tomadas en determinadas circunstancias que crean círculos viciosos o virtuosos, y de los cuales no es sencillo salir.

“Las economías rara vez se hacen ricas solo con agricultura, Gran Bretaña había mostrado el camino: industrialización” pero las élites argentinas resistieron la industrialización para seguir rentando con la explotación agropecuaria latifundista.

“Entre 1880 y 1914 el sistema político norteamericano se adecuó dinámicamente a los cambios y las demandas de su población. El sistema argentino permaneció obstinadamente dominado por una minoría autocomplaciente”

Lo que sigue es conocido, pero discutido. O quizás muy discutido, porque en realidad no es tan conocido; o tergiversado y ocultado.  Al final de la Primera Guerra Mundial, las exportaciones de granos y carne cayeron a nivel mundial.  EEUU ya había emprendido un proceso de reemplazo económico. Las elites argentinas lo bloquearon.

EEUU se transformó en una potencia industrial; y una economía de escala. Argentina se quedó anclada en un modelo de acumulación basado en la renta primaria.

El libro de Beattie es una historia económica que muestra que para salir del atraso, es necesario hacerle frente a una “falsa economía de pensamiento”, que nos hace creer que la pobreza es una condición predeterminada y permanente.

Esta introducción lejos de pretender analizar la obra de Beattie[2] nos invita a reflexionar en torno a la existencia de ciclos especialmente los derivados de decisiones políticas que desembocan en modelos de organización, y modelos de acumulación de le darán una particular impronta al conjunto social.  En definitiva, nos referimos a modelos de organización sociopolítica-económica.

No obstante, pareciera que la existencia de ciclos políticos en un estado-nación no está tan fuera de discusión como se podría suponer. 

De todas las ciencias sociales, la economía es la que mejor éxito ha tenido en determinar la existencia (económicos) de ciclos y sus fases: auge; recesión; crisis; recuperación. Todas ellas pueden ser sintetizadas en dos grandes categorías, la recesiva, y la expansiva.  Podrán existir tenues variantes conceptuales; o discutirse en torno a la duración de las fases. Lo que (casi) nadie discute es la existencia de esos ciclos, sus etapas; y por sobre todo su repetición en el marco de una economía capitalista.

Sin embargo, para el resto de las ciencias sociales (la sociología, la antropología, la ciencia política, o la misma historia), esto no resulta tan evidente.

Nuestro interés radica en determinar o al menos aproximar una respuesta a una limitada serie de preguntas:

 ¿En qué estadio nos encontramos los argentinos como sociedad, y como entidad política organizada? 

¿Nuestro devenir histórico como estado nación repite un ciclo, o aun no lo ha completado?

 ¿Los ciclos efectivamente existen, o nuestra evolución es lineal de continuo retroceso, o continuo progreso?

Desde ya que sería harto complejo, cuando no imposible, ubicar con precisión de un solo vocablo nuestra ubicación societal.  Nos resulta más atractivo contrastar a algunos estudiosos para más que generar una respuesta, producir una nueva seria de buenas preguntas como forma de aproximación a la resolución de los interrogantes previos.  Lo que estamos enunciando no es nada novedoso; al menos así funcionan muchas veces las ciencias sociales.

Cuando Alan Beattie afirma “…120 años de oligarquía…” en realidad remite a una acepción de los que los clásicos griegos designaron como las formas de gobierno, sus deformaciones, y reiteraciones.  Recordemos que “oligarquía” es una degeneración del gobierno de la “aristocracia”; y obsérvese que cuando habla del comportamiento de la élite argentina, concluye en transformarla en oligarquía.

            Desde hace aproximadamente 25 siglos que se discute acerca de las mejores formas de organizar a las sociedades, y las mejores formas de gobernarlas.   La discusión gira en torno a las formas de gobernar; de ejercer el poder; de relacionarse y estructurarse lo político con lo económico y lo social.

            Según Platón la historia es un devenir de malas formas de gobierno; malas y peores.  A cada tipo de organización le corresponde un tipo de clase dirigente.  Las formas de organización se degeneran, y sus clases se corrompen.

            Recordemos que las formas puras de gobierno son la monarquía (gobierno de uno); la aristocracia (gobierno de pocos); y la democracia (gobierno de muchos).

            Todas ellas podrán atender al bien común, pero cuando dejan de hacerlo degeneran en formas impuras. Tiranía; oligarquía; y demagogia, respectivamente.

            Fue Polibio[3] quien basándose en Aristóteles afirma que hay seis formas de gobierno, y todas ellas sufren una degradación; tal como lo mencionamos arriba.   Fue este historiador quien desarrolló la teoría de los ciclos políticos.  Justamente las formas de gobierno se suceden unas a otras porque forman un ciclo: Monarquía; tiranía; aristocracia; oligarquía; democracia; oclocracia[4]. Este ciclo polibiano (anaciclosis) sostiene que las nuevas formas de gobierno (y organización) no son tan buenas como las anteriores, y las malas que emergen serán peores.  Sin embargo, para Polibio, hay una séptima que será superadora; una mezcla de las tres buenas; cuyo gran exponente era Roma. El único estado (que en esa época) no había sucumbido: Realeza/ Consulado; Aristocracia/Senado; Democracia/ Comicios[5].

Justamente las formas de gobierno se suceden unas a otras porque forman un ciclo: Monarquía; tiranía; aristocracia; oligarquía; democracia; oclocracia.

Los antiguos tenían una concepción cíclica y regresiva de la historia, actualmente tendemos a pensar en una idea de progreso lineal; tal como lo señala Nicolás Tereschuk[6] en “La Calesita Argentina; La repetición de los ciclos políticos, de la relectura de  Platón a los discursos de Macri”

 Norberto Bobbio[7] en “La teoría de las formas de gobierno en la historia del pensamiento político”, indica que se contraponen teorías de regreso o progreso indefinidos.

Hasta aquí, tenemos suficientes elementos teóricos como trazar dos grandes líneas del devenir histórico de las sociedades.  Los ciclos que se repiten mejores, o peores; o bien el avance lineal y continuo, ya sea en progreso o en regreso.

Restaría mencionar (al menos hasta aquí) la visión más pesimista de Maquiavelo (quien al cabo de diez y seis siglos retomaría la mirada de la anaciclosis polibiana) quien no avizora forma de superación en el fin de los ciclos.  Las formas de gobierno se repiten; vuelven a comenzar desde el punto inicial. 

Si los estados pasan por muchas mutaciones (degeneraciones) quedaran sometidos a los estados vecinos mejor organizados.  Para Maquiavelo, lo que hace grande a un estado es la expresión del conflicto social (expresión que hoy conocemos como grieta) del cual de su versión tumultuosa surgirán las condiciones ideales para que se puedan promulgar las mejores leyes.

Hicimos una introducción con el abordaje de Alan Beattie.  Recordemos que en sus definiciones aparece en forma contundente el gobierno de la oligarquía; ya sea ejerciendo el gobierno deformado de la aristocracia, o como elite que traba el progreso.  Si le aplicamos las definiciones antes vistas (Monarquía; tiranía; aristocracia; oligarquía…) podemos arriesgar la conclusión de que para Beattie hay un ciclo argentino que ni siquiera se completó.  Definida la continuidad de un modelo de acumulación primaria, las siguientes etapas o bien no existieron, o bien fueron fugaces etapas (sin demasiada importancia) no consolidadas hasta la próxima restauración oligárquica.  Cuando el autor de “Falsa Economía” determina que ciertas decisiones (tomadas por las sociedades) son irreversibles coincide con la visión pesimista de Maquiavelo. 

Si al golpe de 1930 (poniendo fin a las reformas populares del yrigoyenismo) le adicionamos el de 1955 (que truncarían los intentos de consolidación democrática vía otorgamiento de reivindicaciones sociales a la clase obrera por parte del peronismo), y a los anteriores le contraponemos el de los ajustes estructurales y anti industrialistas como el golpe de 1976 la década menemista y la presente administración macrista, obligatoriamente debemos concluir que la tesis de Alan Beattie es correcta. 

Si al golpe de 1930 le adicionamos el de 1955, y a los anteriores le contraponemos el de los ajustes estructurales y anti industrialistas como el golpe de 1976 la década menemista y la presente administración macrista, obligatoriamente debemos concluir que la tesis de Alan Beattie es correcta.

La Argentina no tuvo, ni tendrá, un ciclo político completo al estilo polibiano.  Si no hay ciclo, pero hay consolidación de modelos de acumulación, entonces estamos en presencia de un modelo de retroceso lineal. Recordemos, cada etapa que viene no es mejor que las anteriores; y las malas son peores. Solo resta ver si la grieta constructiva de Maquiavelo es capaz de “producir buenas leyes”.

La tesis de Alan Beattie, es contundente. Sin embargo, al centrarse en lo que el designa como la consolidación de las decisiones que privilegiaron y consolidaron un modelo rentístico primario, obligatoriamente nos dificulta establecer vínculos temporales posteriores en relación con las elites y los gobiernos de Yrigoyen y Perón.

A tales efectos, nos inclinamos por hacer un recorrido por la tesis de Juan Carlos Portantiero[8], “El empate Hegemónico”.

Según la definición original de Portantiero, hay “Empate Hegemónico” cuando prima un escenario en la que dos fuerzas antagónicas tienen la suficiente energía como para bloquear los proyectos elaborados por la otra;  pero ninguna logra reunir la fuerza necesaria para asumir por sí sola el liderazgo del proyecto societal.

En síntesis, ningún grupo asume la dirección política del país; ninguno puede presentar sus intereses como los intereses de toda la sociedad y formar un bloque histórico que modele un sentido común,  que la oriente en una dirección determinada. 

...ningún grupo asume la dirección política del país; ninguno puede presentar sus intereses como los intereses de toda la sociedad y formar un bloque histórico que modele un sentido común, que la oriente en una dirección determinada.

Portantiero desarrollo esta tesis para explicar las razones de la fase de desequilibrio institucional que se abre a partir del golpe de Estado que en 1955 desaloja del poder al peronismo, y que se cierra con el inicio de la dictadura de 1976.

¿Por qué ningún gobierno, constitucional o autoritario, pudo sostenerse en Argentina después de la caída del primer peronismo[9]?

Veamos como es el desarrollo del planteo en términos concretos, y de actores identificables. 

Portantiero sostiene que los sectores dominantes de la economía nacional luego de 1955 (oligarquía agroexportadora, y burguesía vinculada al mercado interno), no tenían la fuerza necesaria y suficiente como para imponer su proyecto político a la sociedad en su conjunto.  

El desempate lo produjeron (a partir del golpe de 1976) las Fuerzas Armadas, desindustrializando el país que había crecido con el Plan Pinedo primero, y con el primer peronismo, después.

Pasó a ser el tiempo de la oligarquía agroexportadora, que había ampliado el espectro de sus negocios al sector financiero, y cuyo mayor símbolo fue José Alfredo Martínez de Hoz[10].

A dicho período le sumamos los doce años de Menem-De la Rúa donde se profundizo el proceso de destrucción de la industria nacional, y revalorización financiera, con el interregno de los doce años de kirchnerismo donde se repotencio el mercado interno, y  finalmente estos casi cuatro años de esta nueva restauración conservadora, podemos observar como el devenir convalida la tesis de Portantiero en cuanto a la parálisis que provoca un “empate hegemónico”.

Sin embargo a priori no estaría corroborando la existencia de un ciclo.  Al menos no un ciclo con fases tan claras como sucede en el campo estricto de la economía, o como lo formulo Polibio. 

La existencia de ese “empate hegemónico” no debe ser confundida con la existencia de fases de un ciclo.

 

Breve cierre. Conclusiones para la rediscusión.

A esta altura podemos avizorar que más que ciclo, o avance lineal (en progreso, o retroceso) lo nuestro es un movimiento pendular con componentes mixtos.  

Para Beattie nuestro destino como nación esta echado, y se hace difícil cambiarlo.

Fue sellado cuando las elites oligárquicas sabotearon el pase de una economía agro exportadora a un modelo industrial, coincidente con la Primera Guerra Mundial.

 Para Portantiero,  hay indefiniciones. Indefiniciones que explotan contradicciones a partir del golpe de 1955.  Si como este señala la disputa se da entre oligarquía agro exportadora y una burguesía mercado internista, entonces no hay nada sellado.

A pesar de que bien se lo podrían interpretar como dos visiones contradictorias, también se las puede ver como complementarias, pero que difieren en los tiempos en que se producen el conflicto.

A pesar de que bien se lo podrían interpretar como dos visiones contradictorias, también se las puede ver como complementarias, pero que difieren en los tiempos en que se producen el conflicto.

Efectivamente hay un consenso mayoritario en el sentido de que el modelo agro exportador se agotó hacia fines de la década de 1920, principios de los ’30.  En tanto que la salida industrial nunca fue plenamente encaminada; ya sea por la resistencia de las elites de entonces, o por los errores del camino industrial elegido. Quizás ahí esta nuestro péndulo.

Sin embargo no debemos detenernos en antagonismo campo-industria, es un problema más extenso donde lo que subyace es puja distributiva, los caminos de la movilidad social; discusión que ciertamente se abre aproximadamente con Yrigoyen, se instala con fuerza precisamente con la crisis del 29/30, y toma su mayor cuerpo a partir de las conquistas sociales y obreras del primer gobierno de Perón.

Finalmente, queda abierto un nuevo interrogante quizás como mejor respuesta a las preguntas anteriores; ¿cuán simétrico es el devenir pendular argentino?  No se debe caer en la tentación de suponer que a cada restauración conservadora le sucede un proyecto de corte popular mirando solo sus duraciones.  Se deben considerar fundamentalmente sus efectos.  De los procesos de 1976-83; 1989-2001  y el presente que estamos transcurriendo podemos observar como la centralidad estructural se corre más hacia el modelo vigente hasta 1930, dejando menos margen de maniobra para reconstruir algo más o menos parecido a un estado de bienestar.

ULTIMA NOTA: El contraste entre las tesis de Alan Beattie, y la de Juan C. Portantiero no responde a ningún criterio especial. Es solo lectura. 

Por suerte, hay infinitos contrastes para ensayar.


[1] Historiador (Oxford),  y economista (Cambridge) británico. Ex miembro del Bank Of England; actual editorialista del Financial Times.

[2] Cuya obra comentada en español es mérito (entre otros) del científico argentino (Biólogo Molecular/Celular, Biotecnólogo) Ernesto Resnik.

[3] Megalópolis, Grecia, 200 a. C.-118 a. C.

[4] Gobierno de la muchedumbre (una de las formas en que puede degenerar la democracia); término usado en reemplazo de la forma degenerativa demagogia.

[5] Conjunto de instituciones fundamentales en la antigua Roma; junto con el senado, los principales órganos de representación política del pueblo romano.

[6] Politólogo (UBA); Magister Sociología Económica (IDAES-UNSAM)

[7] Jurista, filósofo y politólogo italiano.

[8] Sociólogo; especializado en la obra de Antonio Gramsci; ex decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA; ex asesor e integrante del Grupo Esmeralda durante la presidencia de Raúl Alfonsín.

[9] Seria perfectamente válida ampliar el periodo de la pregunta hasta retroceder a 1930; descontando de ella al primer gobierno  de Juan D. Perón.

[10] Primer ministro de economía de la dictadura militar; y único integrante civil del gabinete de ministros durante las primeras etapas del gobierno de facto.

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