Argentina 2020. Entre las urgencias de la coyuntura y el desafio del desarrollo

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Argentina 2020. Entre las urgencias de la coyuntura y el desafio del desarrollo


Por: Pedro Gaite
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La crisis económica desatada por la pandemia del coronavirus no tiene precedentes. La caída a nivel global y regional es muy superior a la del 2009. El FMI estima que la disminución de la producción mundial será cercana al 5% (vs 1,7% del 2009), en América Latina y el Caribe 9,4% (vs 1,9% en 2009) y el comercio mundial según la OMC puede caer hasta un 32% (vs 12% en 2009).

La Argentina ya estaba en una situación muy delicada y la pandemia profundizó de manera significativa los problemas. El país no logra crecer de manera sostenida hace más de una década, y el 2020 será el tercer año de recesión consecutivo, con una caída del PBI cercana al 9% interanual. Así, el PBI a fin de año será similar al del año 2008. Todo esto en medio del proceso de renegociación de su deuda. En este escenario surgen algunas preguntas: ¿cómo transitar la crisis de la mejor manera posible? ¿Qué actores serán los motores de la recuperación? ¿Cómo afecta la pandemia a la estrategia de desarrollo en el mediano y largo plazo?

EL CORTO PLAZO. ENTRE LAS URGENCIAS Y LA RECUPERACIÓN.

En lo inmediato la urgencia es sostener un piso de ingresos para las familias y empresas. La crisis afecta tanto a la oferta como a la demanda.  En este contexto pueden quebrar muchas empresas, no por falta de eficiencia, que es el motivo normal por el cual quiebran las empresas en el capitalismo, sino porque están imposibilitadas de producir o su demanda cayó de manera abismal. Hay que evitar una quiebra masiva de empresas que implicaría la perdida de acervos (de capital, conocimiento, etc.) que lleva años construir y/o la compra de ese capital por parte de empresas extranjeras. Al mismo tiempo hay que sostener un piso de ingresos para los trabajadores. El empleo informal en la Argentina está cerca del 40%, lo que significa una dificultad para el Estado para llegar a esos sectores, pero a la vez refuerza la necesidad de asistirlos. En muchos casos son personas que dependen de changas y el ingreso diario para subsistir y la pandemia destruyó su ingreso. Asistirlos económicamente es una necesidad, porque de otra manera no tienen forma de subsistir.

Ahora bien, a medida que la situación económica vaya retornando a la normalidad aparece la pregunta de qué componente de la demanda agregada puede traccionar la reactivación económica. Las opciones son limitadas: el consumo privado, el consumo (o gasto) público, la inversión o las exportaciones. Todos están comprometidos y presentan limites para crecer en el futuro, pero en algunos hay mayor margen que en otros. 

La economía del futuro más cercano seguramente sea una economía de bajo consumo.

El consumo privado está directamente ligado con la disponibilidad de ingresos de las familias, los cuales ya venían golpeados luego de los cuatro años de gobierno de Cambiemos en los que aumentó el desempleo y el salario real cayó casi un 20%. La pandemia profundizó esta tendencia y generó caídas estrepitosas en el consumo: las ventas minoristas acumulan una caída del 32,5% en el primer semestre del año. Los impactos de la crisis en el consumo perdurarán en el tiempo. En primer lugar, porque la recomposición de ingresos no será inmediata y en segundo término porque han cambiado los hábitos de consumo de las personas que se acostumbraron a consumir menos. La economía del futuro más cercano seguramente sea una economía de bajo consumo. 

...en el corto plazo el desafío parece ser poner en funcionamiento la capacidad instalada existente, más que ampliarla.

Por el lado de la inversión el panorama es todavía más sombrío. Las caídas en la inversión son aun mas pronunciadas que las del consumo. La capacidad instalada ociosa de la industria era cercana al 40% antes de la pandemia y la profundización de la crisis la llevo al 60%. Mientras el consumo no repunte la inversión no lo hará. ¿Quién invertiría en un escenario en el que tiene más de la mitad de la planta parada y las ventas se encuentran en caída libre? A esto hay que sumarle la caída en el ahorro que generó la crisis. Muchas empresas tuvieron que utilizar ahorros (o endeudarse) para sostener los gastos fijos y los salarios durante meses en los que la facturación fue mínima o nula. Por todas estas razones en el corto plazo el desafío parece ser poner en funcionamiento la capacidad instalada existente, más que ampliarla. 

Las exportaciones, por su parte, tampoco serán el motor de la reactivación. El comercio internacional venia desacelerándose y la crisis de la pandemia profundizó esta tendencia. El mundo del futuro se vislumbra mas proteccionista y con una política agresiva de cooptación de mercados. Los esfuerzos que se hagan para estimular la orientación exportadora pueden contribuir a evitar una caída más pronunciada de las exportaciones, pero difícilmente generen el boom exportador necesario para traccionar el crecimiento económico. Las exportaciones argentinas se encuentran estancadas o incluso en caída hace años y en el corto plazo el contexto no será propicio para revertir esta tendencia.

La última alternativa es el gasto público. Aquí también hay limites concretos porque el déficit fiscal era elevado antes de la pandemia y la profundización de la crisis desplomó la recaudación y obligó al gobierno a inyectar una gran cantidad de recursos simplemente para evitar una caída mayor de los ingresos familiares y de las empresas, por lo que el déficit fiscal del 2020 difícilmente sea menor al 6% del PBI. Aun así, el Estado cuenta con herramientas para estimular la recuperación del sector productivo.

La obra pública, que hoy está estancada, es la herramienta número uno porque tiene un doble rol. Por un lado, mejora la productividad al bajar los costos logísticos y por el otro tracciona la actividad. El primer factor es esencial para que las empresas sean rentables en el marco de la economía de bajo consumo que perdurará una vez superada la pandemia, y para mejorar la competitividad internacional.  El ajuste de costos no puede venir por el lado de la reducción de los salarios. Ferrocarriles, bitrenes y puertos son algunas de las obras que contribuirían a bajar los costos de las empresas y a reactivar la economía. En su construcción es fundamental impulsar el Compre Nacional. Hoy las provincias no tienen ley de compras públicas y muchas veces priorizan las importaciones por sobre la producción doméstica. Maximizar la utilización de insumos producidos en el país es esencial para traccionar la actividad y para cuidar el superávit comercial, que hoy se explica fundamentalmente por la depresión de la economía.

Otra arista de la obra pública es la inversión en barrios vulnerables en obras de saneamiento. La pandemia puso de manifiesto la pobreza, la indigencia y las malas condiciones de vida de muchas personas que no tienen siquiera acceso al agua. Resolver estos problemas es una deuda ética pero además permitiría evitar el contagio de enfermedades y ahorrar en salud.

La pregunta obvia que surge es cómo financiar este gasto. En lo inmediato las alternativas son el endeudamiento en pesos y la emisión, que es la principal fuente que está utilizando el Gobierno. La recesión pone un límite al traspaso a precios y los estrictos controles cambiarios evitan una disparada del tipo de cambio oficial, pero presionan en los paralelos (blue, MEP, contado con liquidación, etc.), por lo que se torna necesaria una ingeniería financiera muy fina para contrarrestar esos aumentos. Desde mediados de abril el Gobierno viene utilizando distintos instrumentos de regulación monetaria para contrarrestar el crecimiento de la base monetaria y moderar las tensiones cambiarias. Si el gasto es efectivo y tracciona la recuperación, parte de la liquidez inyectada será absorbida por la demanda de dinero con fines transaccionales y contribuirá a relajar las tensiones. 

La única alternativa para aumentar los ingresos en el corto plazo es gravar las grandes fortunas de la Argentina.

El aumento de impuestos no es una opción. La presión impositiva en la Argentina ya es muy alta y en esta situación directamente se vuelve insostenible. De hecho, las medidas del Gobierno apuntan a reducir el pago de impuestos o incluso transferir dinero para que no se rompa la cadena de pagos. La única alternativa para aumentar los ingresos en el corto plazo es gravar las grandes fortunas de la Argentina. Es lo que hizo por ejemplo Alemania luego de la segunda guerra mundial y que sentó las bases para su milagro económico en la posguerra. Y lo que empieza a resonar en los países desarrollados en este momento. Si se gravara por única vez el stock de riqueza acumulado por las personas más ricas no afectaría la inversión, que es el argumento que esgrimen quienes se oponen a este tipo de impuestos. 

...la salida de la crisis será por el lado del consumo (público primero, privado luego), o no será.

En resumen, todos los componentes de la demanda agregada están comprometidos, y con límites para crecer en el futuro, pero la salida de la crisis será por el lado del consumo (público primero, privado luego), o no será. No solo porque explica más del 70% de la demanda agregada, sino porque los otros componentes están todavía más comprometidos en el corto plazo. La inversión no repuntará mientras la capacidad instalada ociosa sea tan grande y no haya un crecimiento de las ventas; y las exportaciones están estancadas hace años y en el futuro próximo difícilmente crezcan, en un mundo más proteccionista, competitivo y con caída de precios.

EL MEDIANO Y LARGO PLAZO.  EL DESAFIO DEL DESARROLLO.

Una vez superada la crisis el desafío de la Argentina sigue siendo el mismo: transformar su estructura productiva y el perfil de inserción internacional para garantizar mejores condiciones de vida a la población. En ese sentido la política económica debe tener dos misiones fundamentales: garantizar los equilibrios macroeconómicos básicos e impulsar el desarrollo económico. Estas dos cuestiones a veces se presentan como separadas, pero son parte del mismo problema. Es imposible generar una transformación productiva con los desequilibrios macroeconómicos que acarrea la Argentina, y al mismo tiempo la estructura productiva desequilibrada y el rezago tecnológico presionan sobre las variables macroeconómicas básicas y generan tensiones.

La falta de ahorro en pesos, debido a décadas de devaluaciones e inflación que licuaron los ahorros en la moneda local, estimula la fuga de divisas, agudiza la restricción externa y deprime la inversión. La confianza para revertir este comportamiento se gana con tiempo. Para ello es necesario reducir la inflación y sostener un tipo de cambio real competitivo que genere previsibilidad. La tasa de interés real debe ser lo suficientemente alta para no incentivar la fuga y lo suficientemente baja para estimular el crédito productivo. Tan importante como una política industrial, desarrollista y de incentivo exportador es tener una macroeconomía ordenada que ayude a canalizar los ahorros domésticos en la moneda nacional.

Con respecto a la estructura productiva, para compatibilizar el equilibrio interno en términos de empleo y salarios, y el equilibrio externo en términos de necesidad de divisas es preciso aumentar la productividad general de la economía.  En la Argentina de las últimas décadas las mejoras distributivas terminaron generando un sesgo antiexportador y crisis de balanza de pagos que tiraron por la borda el proceso de mejora distributiva.

Además, dentro de la estructura económica argentina hay una alta correlación negativa entre productividad y niveles de pobreza. Los sectores de menor productividad son en general los que tienen mayor pobreza entre sus trabajadores (servicio doméstico, construcción, etc.), mientras que los sectores más productivos coinciden con los de menor pobreza (petróleo y minería, electricidad, agua y gas, servicios profesionales y empresariales, etc.). El cambio estructural que debe encarar la Argentina consiste en aumentar la productividad para reducir la pobreza en el conjunto de la economía y a la vez estimular los sectores de por si más productivos para que empleen porciones crecientes de la población. El servicio doméstico, por ejemplo, explica el 8% del empleo total en la Argentina (20% del empleo femenino) mientras que en países desarrollados como Noruega ese porcentaje es del 0,1%. 

Para reducir los niveles de informalidad, estimular la inversión y mejorar la productividad de la economía es necesario reformar el sistema tributario.

Para reducir los niveles de informalidad, estimular la inversión y mejorar la productividad de la economía es necesario reformar el sistema tributario. La presión impositiva en la Argentina es muy alta y eso repercute en la informalidad por la gran cantidad de empresas que no pueden pagar todos los impuestos que les corresponderían. La reforma debe apuntar no solo a reducir impuestos, sino a simplificar el régimen y tornarlo más progresivo.

El aumento de la productividad no puede descansar en la flexibilización laboral y la reducción de salarios. El argumento por excelencia de las mejoras productivas es la incorporación creciente de tecnología en el proceso productivo. Por eso es clave aumentar las tasas de inversión en Investigación y Desarrollo (I+D). La Argentina gasta alrededor del 0,5% de su PBI en I+D, mientras que en los países desarrollados ese porcentaje no baja del 2%. 

El argumento por excelencia de las mejoras productivas es la incorporación creciente de tecnología en el proceso productivo.

La línea divisoria entre países desarrollados y subdesarrollados parece estar dada por las capacidades tecnológicas (gasto en I+D como porcentaje del PBI y patentes per cápita). La mayoría de los países lograron esas capacidades especializándose en la producción industrial de alta tecnología (Estados Unidos, Alemania, Japón, etc.), pero otros lo hicieron en base a exportaciones primarias o manufacturas de bajo contenido tecnológico (Nueva Zelanda, Australia, Noruega).

Para la Argentina ninguno de estos dos modelos de desarrollo parece posible. Competir con las industrias desarrolladas en sectores intensivos en tecnología resulta muy complejo, pero especializarse únicamente en base a los sectores primarios supone otros problemas. La mejor estrategia parece ser un sendero intermedio, que concilie el desarrollo industrial con el desarrollo de las cadenas basadas en recursos naturales, como lo hizo por ejemplo Canadá.

En este sentido hay que aprehender la idea de que ningún sector sobra y terminar con la falsa antinomia recursos naturales vs industria vs servicios. Cada uno es relevante por distintas razones y son interdependientes entre sí. 

...hay que aprehender la idea de que ningún sector sobra y terminar con la falsa antinomia recursos naturales vs industria vs servicios.

Los sectores primarios son muy importantes en términos de generación de divisas y en las economías regionales, y tienen un alto potencial para generar encadenamientos hacia atrás y hacia adelante. Pero solo con ellos no alcanza. La dotación de recursos naturales per cápita de la Argentina es muy inferior a la de Australia, Noruega o Nueva Zelanda. Especializarse en los sectores primarios implica crecer a tasas bajas, tener salarios relativamente bajos y un desempleo crónico, o incurrir periódicamente en crisis de balanza de pagos.

La industria, por su parte, es el sector más dinámico. En la Argentina explica dos terceras partes de la inversión privada en I+D (en primer lugar, la industria farmacéutica y en segundo término la industria ligada al sector agropecuario), mientras que los sectores primarios apenas explican el 6%. Estos guarismos son aún más altos a nivel mundial, donde la industria explica cerca del 80% de la inversión privada en I+D. Además, genera derrames tecnológicos hacia otras áreas de la economía, crea empleo de calidad relativamente alta, y tiene un peso importante en ciertas provincias contribuyendo al equilibrio regional. Por eso, si bien la industria ha perdido peso en el PBI mundial y ha expulsado empleo, sigue siendo el sector más dinámico y tiene un rol estratégico en el desarrollo económico.

Los servicios, finalmente, son muy heterogéneos. Algunos tienen una importancia territorial y en términos de generación de divisas (turismo, intensivos en conocimiento) y otros contribuyen a reducir la brecha de genero (salud y educación). Es importante marcar que aquellos países en los que los servicios ganaron peso dentro de la estructura productiva y aumentaron su productividad lo hicieron sobre la base de un sector de servicios proveedor de la industria local. Si la estrategia de desarrollo apunta a ampliar la participación de los servicios (y en particular los basados en conocimiento) dentro de la estructura productiva, hay que promover una estrecha articulación con otros sectores de la economía (básicamente el industrial) que permitan generar procesos de aprendizaje a partir de la relación proveedor-cliente. 

...el país tiene capacidades acumuladas en diversos sectores que deben ser potenciadas para pegar el salto al desarrollo.

Pese a las numerosas crisis que sufrió la Argentina, el país tiene capacidades acumuladas en diversos sectores que deben ser potenciadas para pegar el salto al desarrollo.  El mundo post pandemia se vislumbra más proteccionista y al mismo tiempo se ha revalorizado el rol del Estado y la importancia de la política industrial. Esto puede dar un mayor margen de maniobra para llevar adelante las políticas públicas necesarias para impulsar el cambio estructural en los países periféricos. Más allá de que los organismos multilaterales (FMI, Banco Mundial, OMC), el momento del ciclo económico y/o cuestiones geopolíticas pueden limitar el margen de acción de la Argentina, el país es artífice de su propio destino. Aldo Ferrer decía que cada país tiene la “globalización que se merece en virtud de las respuestas que da a los desafíos y oportunidades de la globalización”. De lo que se trata, entonces, es de poner al país real a la altura del país potencial.

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